100 DOSIS DE AMOR [99.3] Froilán De Lózar [Para Sawabona, el amor de su vida]

Somos iguales y distintos al resto. Medimos los cambios con una precisión en la que otros muchos ni se fijan y perdemos el tren que acaso nos lleve a la gloria o al infierno. No podemos saberlo. Pero intuimos que nos queda la gloria, que está cerca el Amor, que es sólo un banzo el que separa nuestra vida rutinaria y monótona de una vida plena donde el encuentro nos hace vibrar a cada paso. Allí uno vuelve a casa y como un rito recurre a la boca que le espera, al cuerpo que se mece al compás de un sentimiento desbordado, un sentimiento que nos compensa de todo lo pasado, de toda la maldad, de tantas guerras desatadas.









Antonio Gamoneda, poeta


Escuchamos aquel sábado en nuestra ciudad, y en una ocasión histórica, a nuestro admirado poeta, Premio Cervantes, Antonio Gamoneda. Vino a Palencia a hablar de “Venenos”, pues, erudito como es de tantos saberes, también ha escrito algo asombroso, El libro de los venenos.


Antonio Gamoneda, poeta_Vecinos-Ilustrados_Fernando-Martín-Aduriz

En él despliega sus comentarios acerca de la compilación del médico segoviano Andrés de Laguna del códice de venenos de Dioscórides.  Leer un libro sobre venenos puede que no tenga demasiada importancia para muchos, salvo maliciosos, pero comprenderá el lector que si está escrito por un poeta, eso cambia. Una muestra, esta confesión del autor al contar cómo ha leído el libro del que es comentador: «…he entrado en el texto con crueldad de enamorado…», tras lo cual, sólo resta leer y leer otra vez esta expresión, para recrearnos tanto en su belleza musical como en la inquietud acerca de lo que puede querer decir “crueldad de enamorado”.   Además, su Libro de los venenos deja desde el comienzo la advertencia de que Gamoneda no quiere discutir sobre la clasificación de géneros de la escritura, pues para él todos son “poesía diversamente preparada”. Tesis sorprendente, pero que invitaría a pensar y a debatir a los escritores. Si eso es así, ansío el momento de escuchar de nuevo la voz magnética del poeta que aprendió a leer con un libro de poesía escrito por su padre.  Dice la poetisa palentina Amalia Iglesias que leer a Gamoneda es asomarse a abismos interiores, pero que la recompensa es quietud y serenidad. No puedo estar más de acuerdo. Y el lector entenderá entonces por qué prefiero terminar esta columna con poesía de nuestro poeta. Para acercarnos serenidad y quietud. A ver si lo logro.  Es una poesía del libro Blues castellano (1961-1966), “Blues del mostrador”.

Llegó con el papel entre las manos
y me miró con sus ojos cansados.
Llegó con el papel y con sus manos
y yo sentí su mirada en mi vida.
Cuando venga otro día con sus manos
y su papel a mirarme en silencio,
espero comprender por qué me mira,
por qué es viejo y es grande y por qué pesan
en mi corazón unos ojos cansados.


Imagen: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

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Fernando Martín Aduriz



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