100 DOSIS DE AMOR [58] [SAWABONA]
Hoy toca rescatar un lingote del corazón herido de Luis Eduardo Aute. Hay algunos que dicen que todos los caminos conducen a Roma y es verdad porque el mío me lleva cada noche al hueco que te nombra... Ay, amor mío, qué terriblemente absurdo es estar vivo, sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido.
Home
All post
Fragmentos de la vida: el pueblo
![]() |
| | Panorámica de Velillas del Duque |
Es lo que me ocurre cada vez que me acerco hasta mi querido Velillas del Duque –que cada día se va achicando un poquito más-; que siento como si de pronto se detuviese el tiempo a mi alrededor, se me parase la agenda de las horas y de los días; y, desde los primeros paseos por sus calles, se me enciende la emoción y se me enternece por momentos el corazón. Y cara al pensamiento, se me instala en la mente una pequeña reflexión que trato de desarrollar y que en esencia me hace considerar que cómo fue posible que en aquellas pocas calles que forman el esqueleto del pueblo, junto a las gentes de aquel entonces y sus casas y a sus alrededores más cercanos: el río, los arroyos, el molino, los palomares, las tierras de labor, las eras, la carretera, la escuela, la iglesia, pudieran haber sucedido tantas cosas y tantas vivencias en aquellos años de chaval, que ahora, pasados un considerable número de años, es indiscutible que forman parte incuestionable e insustituible, a la par que necesaria, de mi vida. Y a cuyas referencias en su lugar y tiempo el recuerdo me traslada tantas y tantas veces.
Y es que en aquel remanso de paz, donde casi nunca pasaba nada noticiable que se saliese de la cotidianeidad de los días, con una referencia constante en el cercano Saldaña, donde podíamos proveernos de las mercancías y los útiles y enseres más elementales y necesarios para la subsistencia, nuestra generación fuimos poco a poco creciendo a la vida, en el aspecto tanto material como espiritual, al conocimiento de las cosas que nos llegaban y que nos resultaban novedosas en gran medida, a los aconteceres tanto próximos como lejanos, a las penas y a las alegrías, al tiempo de juegos y al tiempo de estudios, al contacto con los primeros amigos a los que confiábamos nuestros pequeños secretos y a las emociones que íbamos asimilando y acomodando a nuestras necesidades según nos iban llegando en tiempo y lugar.
Y allí fue donde supimos también lo que era la alegría por el nacimiento de algún nuevo habitante del pueblo que llegaba a la vida, y que para nosotros siempre guardaba relación con su bautizo y los caramelos y confites que de forma extraordinaria llenarían nuestros bolsillos; y también el dolor por la pérdida de alguien que se iba de ella, con aquel toque previo de campana que nos lo anunciaba. Campana que, sin embargo, junto a las restantes de la torre, volteaban alegres y festivas el día de la fiesta mayor del pueblo, por Santiago; con procesión del Santo incluida y lanzamiento de cohetes durante el recorrido, con todos nosotros vestidos de gala. Mientras en una era cercana se iban instalando el puesto de los dulces y los almendreros habituales, a los que se uniría en la tarde la pequeña orquesta que amenizaría el baile hasta bien entrada la noche; porque Velillas estaba de fiesta.
Las lógicas circunstancias de la vida hicieron que en plena adolescencia la familia abandonásemos el pueblo para instalarnos en la capital; con lo que el nuevo modelo de vida a seguir y la adaptación a la nueva realidad cambiaron radicalmente. Pero no así conseguirían bajo ningún concepto, borrar los alegres y sugestivos recuerdos de aquellos años cuando chavales en el pueblo, donde hay que reconocer abiertamente que fuimos verdaderamente felices en todo momento.
Y es que en aquel remanso de paz, donde casi nunca pasaba nada noticiable que se saliese de la cotidianeidad de los días, con una referencia constante en el cercano Saldaña, donde podíamos proveernos de las mercancías y los útiles y enseres más elementales y necesarios para la subsistencia, nuestra generación fuimos poco a poco creciendo a la vida, en el aspecto tanto material como espiritual, al conocimiento de las cosas que nos llegaban y que nos resultaban novedosas en gran medida, a los aconteceres tanto próximos como lejanos, a las penas y a las alegrías, al tiempo de juegos y al tiempo de estudios, al contacto con los primeros amigos a los que confiábamos nuestros pequeños secretos y a las emociones que íbamos asimilando y acomodando a nuestras necesidades según nos iban llegando en tiempo y lugar.
Y allí fue donde supimos también lo que era la alegría por el nacimiento de algún nuevo habitante del pueblo que llegaba a la vida, y que para nosotros siempre guardaba relación con su bautizo y los caramelos y confites que de forma extraordinaria llenarían nuestros bolsillos; y también el dolor por la pérdida de alguien que se iba de ella, con aquel toque previo de campana que nos lo anunciaba. Campana que, sin embargo, junto a las restantes de la torre, volteaban alegres y festivas el día de la fiesta mayor del pueblo, por Santiago; con procesión del Santo incluida y lanzamiento de cohetes durante el recorrido, con todos nosotros vestidos de gala. Mientras en una era cercana se iban instalando el puesto de los dulces y los almendreros habituales, a los que se uniría en la tarde la pequeña orquesta que amenizaría el baile hasta bien entrada la noche; porque Velillas estaba de fiesta.
Las lógicas circunstancias de la vida hicieron que en plena adolescencia la familia abandonásemos el pueblo para instalarnos en la capital; con lo que el nuevo modelo de vida a seguir y la adaptación a la nueva realidad cambiaron radicalmente. Pero no así conseguirían bajo ningún concepto, borrar los alegres y sugestivos recuerdos de aquellos años cuando chavales en el pueblo, donde hay que reconocer abiertamente que fuimos verdaderamente felices en todo momento.
Fundación Herminio Revilla | Mundo Rural
Hoy, en aquellos lugares donde estuvieron cuadras y pajares, existen cuatro salas y un amplio corral amurallado repletos de casi todos mis trabajos. Espero que con este humilde escrito sepáis un poco más de nosotros. Hasta el próximo reportaje.
Fundación Herminio Revilla
| El autor retrata a sus padres , abajo, a la izquierda, el autor picando el dalle
La mayoría de mis trabajos expuestos en el Museo tienen bastante que ver con el pasado del mundo rural. Nada más entrar en el corral o patio de las energías, vemos que destacan, entre otras esculturas, la reproducción de mis padres, esculpidos en dos troncos de Olmo, a tamaño real. Él dando pizarra al dalle o guadaña; ella, con el rastro recogiendo la paja de trigo o cebada para hacer la gavilla y colocar después en la morera. Fue una profesión muy dura la que tuvieron mis padres. En la casa, hoy nuestro Museo, nació mi madre y varias generaciones de antepasados a ella: padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos etcétera, y hace ya también muchos años nací yo. Aquí empecé a realizar mis primeros trabajos con una navaja y otras sencillas herramientas, trabajos que por cierto aún conservamos y se pueden ver expuestos en las diferentes salas de la Instalación.
LIBRO DE VISITAS
LA FOTO
Otra vez primavera
La primavera en la Montaña Palentina no llega de golpe… se insinúa. La he visto despertar despacio, como si la tierra respirara después de un largo sueño blanco. Aún quedan neveros agarrados a las umbrías, resistiéndose a marchar, pero el sol ya no es el mismo. Calienta distinto. Tiene algo de promesa. Camino entre robles y hayas todavía desnudos, y el suelo cruje bajo mis botas, empapado por el deshielo. El agua corre por todas partes: en los regatos, en los bordes de los senderos, en el murmullo constante del río Pisuerga, que baja alegre, como si celebrara su libertad tras el invierno.
Y entonces, casi sin avisar, aparecen ellos… los lironcitos. Pequeños, humildes, pero valientes. La primera flor amarilla que se atreve a romper la tierra fría. Siempre me detengo al verlos. Es como si la montaña me guiñara un ojo, como diciéndome: “ya estamos de vuelta”.
Los miro de cerca, agachado, con el silencio alrededor. Sus pétalos abiertos al sol, tan frágiles y tan firmes a la vez. Han nacido donde hace apenas unos días todo era nieve. Y ahí están, anunciando la vida. En ese momento siento algo difícil de explicar. No es solo belleza… es memoria. Es infancia. Es haber corrido por estos mismos prados, con las manos frías y la nariz roja, buscando esas primeras manchas de color entre el blanco que se retiraba. El aire huele distinto. A tierra mojada, a hierba que empieza a despertar, a leña vieja que aún guarda el eco del invierno. Y en lo alto, alguna nube pasa despacio, como si tampoco quisiera romper la calma. Me siento en una piedra, dejo que el sol me toque la cara, y escucho. Porque la primavera aquí no se mira solo… se escucha. Es el agua, es el viento suave, es algún pájaro que se atreve a cantar antes que los demás. Y entre todo eso, los lironcitos siguen ahí, pequeños faros amarillos, recordándome que la vida siempre vuelve. Que por muy largo que sea el invierno, siempre hay un instante en que la montaña decide empezar de nuevo.
Y yo, cada año, tengo la suerte de ser testigo.
Edén en Queralbs
Situado a 1218 metros de altitud, en la falda meridional de la segunda montaña más alta de los Pirineos orientales y muy cerquita de la estación invernal de Núria, este precioso pueblo gerundense de Queralbs
Templo de Sant Jaume
Queralbs | Girona
Conserva un bellísimo templo románico que, dedicado originalmente a Santiago y hoy lo advoca a San Jaime, me puso los pelitos del rabo de punta.
El templo de la antigua Kerosalbos se consagra en 978 por el obispo Guisad II de Urgell según acta: “ Anno incarnacionis bdomini nostri Iesus Xristi DCCCCLXXVIII, Wisadus, sante Marie Urgeliensim sedis presul, in comitatum cerdaniensem in ualle petrariense in ulila nuncupante Cheros Albos ad consecrandum ecclesiam del que sita est in eadem loco, in onore santi Iacobi apostoli…”
El día de la Candelaria de 1428, el terremoto acaba con casi todos los habitantes de la población y derrumbó gran parte de su templo románico, como puede comprobarse en la actualidad al observar la reconstruida bóveda apuntada actual, fruto de las reformas.
El aparejo es de piedra pequeña ordenada, material pobre rural aunque elementos tardíos se incorporan en mampostería.
Es de nave rectangular, bóveda apuntada, orientada heterodoxamente al noreste por adecuación al terreno y con ábside semicircular más estrecho que su nave de la que lo separa un doble arco triunfal interrumpido por cornisas decorativas en el muro de levante.
Presenta pinturas murales. Y la reproducción del antipendio original que se conserva en el MNAC con pasajes de la vida de Cristo, traición de Judas, flagelación, crucifixión, descendimiento y entierro.
Su portada porticada es una delicia. La galería se conforma con seis arcos adovelados de medio punto apoyados en cinco columnas y la bóveda sobre una viga de madera que se apoya en seis vigas como ménsulas decoradas por rostros grotescos.
En su primer capitel, un personaje agarrado a dos aves.
El segundo, dos reyes en la cara norte y oeste y dos reinas en las caras este y sur. Barbas y corona para ellos y velo para ellas, muestran carácter regio en su vestimenta con adorno de joyas por lo que se interpreta como representación de Salomón y reina de Saba los jóvenes y a David y Betsabé los ancianos, con los adornos de frutos ovalados cual dátiles, en señal de plenitud terrenal y fertilidad. El tercero, grifos con crines desde cuyos extremos de sus alas aparece la boca de un personaje. El cuarto capitel está dedicado a guerreros y a sus esposas con cabellera trenzada. El quinto, cuatro leones enlazados por sus garras al cuarto trasero del anterior. Ciclo eterno.
Accedimos por puerta a levante entre la segunda y tercera columna, desviada y de dos batientes, donde se refuerzan con tiras metálicas y un tirador circular sobre marco en flor de lis.
Pila en lugar recóndito a los pies, con ondas invertidas.
Y despedida nostálgica mientras su espadaña prismática de planta cuadrada y dos troneras en cada cuerpo, nos repicaba enmudecidos suspiros de soledad.
Suscribirse a:
Comentarios
(
Atom
)




























