100 DOSIS DE AMOR [16] [Sawabona]
Las ilusiones, como las esperanzas, van y vienen. Unos días la pila se carga hasta extremos nunca imaginados y otros te pega el bajón por lo imposible, por lo lejano que lo encuentras todo, aun estando cerca, aun pareciendo tan sencillo. Llenaste tanto mi corazón, que lo ocupaste todo. No hay remedio para el dolor que siento y que se hace más y más intenso cada día. Necesito tu boca para saciarme, para recuperarme, para volver a ser quien era.
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El Roble del Sesteo de Vallespinoso de Cervera
Este roble debería estar en los anales de la montaña palentina. ¿Te puedes imaginar una rama de 16 metros de larga? He visitado el de Velilla del río Carrión pero este de Vallespinoso de Cervera está muy bien identificado e incluso señalizado. Este es un roble desconocido a no ser por los del pueblo pero es una auténtica maravilla.
Yo, el Roble del Sesteo de Vallespinoso de Cervera
Soy un roble viejo, de esos que ya casi no quedan. Mis raíces se hunden desde hace siglos en la tierra tranquila de Vallespinoso de Cervera, a un paso de la ermita románica y bajo el cielo limpio de la Montaña Palentina. Aquí he pasado mi vida, viendo cómo el paisaje cambiaba despacio mientras yo me afianzaba al suelo, paciente y firme.
Me llaman el Roble del Sesteo porque, durante generaciones, fui refugio y sombra para caminantes, pastores y animales. En mis mejores años, cuando mi copa era aún más amplia y cerrada, era común ver a los pastores tumbarse a mis pies para descansar mientras el ganado rumiaba en silencio a mi alrededor. Las ovejas buscaban mi sombra en verano, y en invierno yo les ofrecía un pequeño resguardo contra la ventisca que bajaba de las montañas.
He escuchado historias de todo tipo: los amores jóvenes que se prometieron bajo mis ramas, las conversaciones de hombres cansados al final de la jornada, el murmullo de los niños que jugaban...
Un rincón en la montaña
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