Albert Boadella, dramaturgo [Barcelona, 29 de julio de 1943]
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● “España ya no es cervantina, nadie cree en el amor platónico, la dignidad y la lucha por los valores inalcanzables”
Sobre España y los españoles | +2.655👀
🔻 El post del mes. Una reflexión para los amantes del románico
📒Grupo Salud y románico | Escriben desde España
📒 La serpiente, la Sibila, Virgilio y el arcángel Gabriel formarían parte de un único discurso sobre la continuidad de la Historia de la Salvación, donde la tradición clásica aparece integrada en la economía providencial del cristianismo medieval. Desde esta perspectiva, la identificación de Virgilio deja de constituir una hipótesis aislada para convertirse en el elemento que permite comprender la coherencia interna del programa escultórico. © curioson 👇
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🔻 Cien cosas curiosas sobre España
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9-|||||—En diciembre de 1969 la gallega Ángela Ruiz Robles inventó la Enciclopedia Mecánica, considerada como el primer prototipo de libro electrónico. © curioson 👇
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La brujita Haeda
Al norte de nuestra provincia, entre la Pola de Gordón y Vegacervera se encuentra el Faedo (así se llamaba al hayedo en la antigua lengua del reino de León).
Santos Froilán y Martino
De todos es más o menos conocida la historia del lucense Froilán que pasó la mayor parte de su vida en León: primero en el Bierzo, más tarde en el monte Cucurrino y por fin en la diócesis legionense.
Siendo muy joven decidió hacer vida de ermitaño en Vega de Valcarce, pero le tiraba tanto la predicación que no paraba de evangelizar por aldeas y villas. Llegó un momento en que le asaltaron grandes dudas: ¿su vocación era de eremita o de predicador? Así que consultó a Dios, creador de las leyes naturales, para que le mostrara su voluntad. Dicen que introdujo en su boca un puñado de brasas poniendo a Dios en un brete: si los rescoldos quemaban su boca se dedicaría en exclusiva a la meditación y la oración, pero si no se abrasaba la Providencia le estaría diciendo que tenía que continuar con la evangelización. Esto es lo que ocurrió.
En sus viajes apostólicos Froilán llevaba siempre consigo sus libros y legajos para lo que se servía de un burrín. En una de sus correrías al cruzar por el monte le salió al paso un lobo muerto de hambre pero muy vivo que atacó a su pollino y se lo comió. No todos los hagiógrafos coinciden en la reacción del Santo. Unos dicen que miró a la fiera con la dulzura de Francisco de Asís y el animal se rindió a sus pies. De allí en adelante siempre lo acompañó y Froilán, que era muy práctico, lo aprovechó para llevar los serones de su biblioteca ambulante. Otros nos presentan al santo como un hombre de carácter que maldijo al animal y le obligó a cargar con las alforjas.
Hay crónicas que sitúan la escena en Valdorria a donde más tarde se retiró para estar en lugar más apartado: el monte Cucurrino. Para hacer sus oraciones y contactar mejor con Dios decidió construir una ermita en lugar alto. Para sus trabajos utilizaba a su burro que en los serones transportaba las piedras. Todo iba bien hasta que apareció “el terrible lobo” que consumó su faena de depredador. Sólo cambia en la historia que en vez de libros la bestia transportaba materiales de construcción. El escultor Subirachs dejó plasmado el suceso en el bronce de una de las puertas del santuario de la Virgen del Camino.
Quienes dibujan el perfil del santo como persona de carácter fuerte y con sus prontos narran otra anécdota libresca. Al levantarse un día se dio cuenta de que sus códices tan preciados para él estaban roídos. Se quedó camuflado a la entrada de la cueva donde habitaba para ver si sorprendía al roedor. Poco tiempo había pasado cuando observó que entraban en la caverna unos conejos que iban muy decididos hacia la biblioteca. Montó en cólera el vigía y los espantó entre maldiciones. Los efectos fueron fulminantes ya que en mucho tiempo nadie vio conejos por la comarca.
Esta leyenda de San Froilán tiene una hermana contada en Arbás del Puerto: los canónigos agustinos acarreaban piedra desde el Pico Tres Conejos, eso dicen, para construir el hospital de peregrinos sirviéndose de una carreta tirada por una pareja de bueyes. Estaba ya avanzada la primavera y comenzaban a despertarse los osos. Una mala tarde el ermitaño Pedro hacía el último viaje del día cuando le salió al paso un oso tan hambriento que en un santiamén se devoró uno de los bueyes. El monje, que debía ser muy santo, condenó al oso a hacer pareja con el buey superviviente hasta concluir las obras. Dos modillones que hay a la puerta de la Colegiata de Arbás dan testimonio de tan legendaria y milagrosa pareja de tiro.
Dentro del imaginario de la cultura popular y la devoción cristiana leonesa ocupa un lugar destacado también la figura de San Martino. Por su natural parece ser que no era muy amante de los libros, pero el espíritu de San Isidoro lo metió en vereda. Un cuadro hay que representa al santo obispo de Sevilla obligando al monje a tragarse un libro. Ya converso al bibliotequismo (si creemos la versión) recorrió prácticamente todo el mundo entonces conocido incrementando viaje a viaje su sabiduría. Posiblemente él fue quien trajo hasta nuestras tierras las nuevas ideas del Císter. Llegó Martino a ser abad de los canónigos de la Colegiata de San Isidoro.
Era hombre sobrio y penitente hasta el exceso pues tan sólo bebía agua pura y clara cada día. Como excepción a la regla se permitía mancharla con unas gotas de vino en las celebraciones. Su austeridad no caía bien entre los canónigos de San Isidoro que eran amantes del buen yantar y del mejor beber. Tal vez en medio de estas discordias nació la leyenda de la barrica de San Martino con un cierto carácter burlón. Atribuyen al Santo la idea de instalar en un lugar secreto una barrica de roble donde se guardaba el vino que bebían los canónigos de la basílica. Desde aquellos tiempos del siglo XII se conserva milagrosamente el vino de la cuba gracias a un ritual que tiene lugar el Jueves Santo después de los Oficios. El abad acompañado del administrador acude a este lugar que se sigue manteniendo secreto para extraer del tonel un litro de vino dulce. Una vez cerrada la espita repone la pérdida con dos litros de mosto compensando de esta forma lo que merma al largo del año por la impregnación de la cuba y la evaporación. Tan sólo los canónigos tienen derecho a paladear el vino centenario. Hubo un tiempo en que este ceremonial se realizaba la Nochebuena después de la Misa de Gallo.
Dos grandes sabios, dos hombres austeros y penitentes, dos historias que constituyen una parte importante del patrimonio cultural y religioso de la ciudad de León más allá de las creencias y credulidades de cada cual.
Camino Olvidado
En sus viajes apostólicos Froilán llevaba siempre consigo sus libros y legajos para lo que se servía de un burrín. En una de sus correrías al cruzar por el monte le salió al paso un lobo muerto de hambre pero muy vivo que atacó a su pollino y se lo comió. No todos los hagiógrafos coinciden en la reacción del Santo. Unos dicen que miró a la fiera con la dulzura de Francisco de Asís y el animal se rindió a sus pies. De allí en adelante siempre lo acompañó y Froilán, que era muy práctico, lo aprovechó para llevar los serones de su biblioteca ambulante. Otros nos presentan al santo como un hombre de carácter que maldijo al animal y le obligó a cargar con las alforjas.
Hay crónicas que sitúan la escena en Valdorria a donde más tarde se retiró para estar en lugar más apartado: el monte Cucurrino. Para hacer sus oraciones y contactar mejor con Dios decidió construir una ermita en lugar alto. Para sus trabajos utilizaba a su burro que en los serones transportaba las piedras. Todo iba bien hasta que apareció “el terrible lobo” que consumó su faena de depredador. Sólo cambia en la historia que en vez de libros la bestia transportaba materiales de construcción. El escultor Subirachs dejó plasmado el suceso en el bronce de una de las puertas del santuario de la Virgen del Camino.
Quienes dibujan el perfil del santo como persona de carácter fuerte y con sus prontos narran otra anécdota libresca. Al levantarse un día se dio cuenta de que sus códices tan preciados para él estaban roídos. Se quedó camuflado a la entrada de la cueva donde habitaba para ver si sorprendía al roedor. Poco tiempo había pasado cuando observó que entraban en la caverna unos conejos que iban muy decididos hacia la biblioteca. Montó en cólera el vigía y los espantó entre maldiciones. Los efectos fueron fulminantes ya que en mucho tiempo nadie vio conejos por la comarca.
Esta leyenda de San Froilán tiene una hermana contada en Arbás del Puerto: los canónigos agustinos acarreaban piedra desde el Pico Tres Conejos, eso dicen, para construir el hospital de peregrinos sirviéndose de una carreta tirada por una pareja de bueyes. Estaba ya avanzada la primavera y comenzaban a despertarse los osos. Una mala tarde el ermitaño Pedro hacía el último viaje del día cuando le salió al paso un oso tan hambriento que en un santiamén se devoró uno de los bueyes. El monje, que debía ser muy santo, condenó al oso a hacer pareja con el buey superviviente hasta concluir las obras. Dos modillones que hay a la puerta de la Colegiata de Arbás dan testimonio de tan legendaria y milagrosa pareja de tiro.
Dentro del imaginario de la cultura popular y la devoción cristiana leonesa ocupa un lugar destacado también la figura de San Martino. Por su natural parece ser que no era muy amante de los libros, pero el espíritu de San Isidoro lo metió en vereda. Un cuadro hay que representa al santo obispo de Sevilla obligando al monje a tragarse un libro. Ya converso al bibliotequismo (si creemos la versión) recorrió prácticamente todo el mundo entonces conocido incrementando viaje a viaje su sabiduría. Posiblemente él fue quien trajo hasta nuestras tierras las nuevas ideas del Císter. Llegó Martino a ser abad de los canónigos de la Colegiata de San Isidoro.
Era hombre sobrio y penitente hasta el exceso pues tan sólo bebía agua pura y clara cada día. Como excepción a la regla se permitía mancharla con unas gotas de vino en las celebraciones. Su austeridad no caía bien entre los canónigos de San Isidoro que eran amantes del buen yantar y del mejor beber. Tal vez en medio de estas discordias nació la leyenda de la barrica de San Martino con un cierto carácter burlón. Atribuyen al Santo la idea de instalar en un lugar secreto una barrica de roble donde se guardaba el vino que bebían los canónigos de la basílica. Desde aquellos tiempos del siglo XII se conserva milagrosamente el vino de la cuba gracias a un ritual que tiene lugar el Jueves Santo después de los Oficios. El abad acompañado del administrador acude a este lugar que se sigue manteniendo secreto para extraer del tonel un litro de vino dulce. Una vez cerrada la espita repone la pérdida con dos litros de mosto compensando de esta forma lo que merma al largo del año por la impregnación de la cuba y la evaporación. Tan sólo los canónigos tienen derecho a paladear el vino centenario. Hubo un tiempo en que este ceremonial se realizaba la Nochebuena después de la Misa de Gallo.
Dos grandes sabios, dos hombres austeros y penitentes, dos historias que constituyen una parte importante del patrimonio cultural y religioso de la ciudad de León más allá de las creencias y credulidades de cada cual.
Actualización feb2026 | 💥+488 👀
Camino Olvidado
En la Campa de Santiago
Estamos en un escenario magnífico: una hermosa campa próxima a las fuentes del Boeza que se nos presenta como un impresionante circo enmarcado por el Catoute y la sierra de Gistredo y Cilleros. Ramiro II (según otra versión Alfonso IX) ocupaba el trono del Reino de León en permanente lucha contra Almanzor (“El Victorioso por Alá”): si Almanzor era “El Azote” de los cristianos, Ramiro era conocido por los musulmanes como “El Diablo”.
Nos encontramos en el año 981: el ejército musulmán se parapeta en el Monte Paleiro y las tropas cristianas acampan en la llera del Monte de Fernán Peláez. Viéndose en gran desventaja numérica la milicia cristiana formada por gentes del lugar, pide ayuda al rey de León que empeñado en la defensa de la ciudad aún afectada por el trauma de la “batalla del Foso” (938), da la causa por perdida confesando que era más difícil expulsar a los moros del Paleiro, que cazar un oso vivo. Heridos en su orgullo y honor los lugareños al día siguiente salieron al monte, apresaron un oso y se lo llevaron al monarca como muestra de valentía y decisión.
Regresaron de nuevo al frente donde unieron sus fuerzas con las de los vecinos de Los Montes y Urdiales. Como ocurriera en Camposagrado y en Clavijo, al frente de los cruzados apareció el Apóstol Santiago (siempre con su caballo blanco y blandiendo su espada) y enfrente, comandando las tropas musulmanas, Martín Moro, llamado Toledano por su origen. Así describe Diego Rodríguez de Almela ( "Valerio de las Historias Eclesiásticas") en el año 1487 el espectáculo de la batalla:
“E como el dia fuese esclarescido, oyda misa e rescebidos los sacramentos, los cristianos fueron fuertemente ferir en las hazes de los moros llamando 'Dios ayuda Santiago.' E como estoviesen fuertemente peleando, vieron la visión del apóstol con grand compaña de ángeles commo cavalleros armados que parescía a los moros que era muy gran gente que les venía en socorro e luego començaron a fuyr e arrancar. Pocos escaparon e fueron muertos delos moros setenta mil e otros muchos captivos”.
La gesta quedó recogida en el romancero que así la canta:
Señor Santiago bendito
que de los cielos bajaste
veinticinco mil moros mataste
en el campo de la victoria.
Y ahora te vas a los cielos
con los santos y la gloria.
Existe otra tradición que nos presenta un “Matamoros” no tan épico, sino más humano (con dudas, más realista y estratega): viendo el gran número de muyahidínes, en vez de llevarlo todo a sangre y fuego, el Apóstol comenzó a pensar en una retirada estratégica. Sumido en sus pensamientos, contempló un grupo de mariposas típicas del lugar que revoloteaban incesantemente. De tal manera le llamaron la atención que para mejor observarlas comenzó a girar en círculo: era una señal que le enviaba la Virgen María. Captado el mensaje, Santiago retornó sobre sus pasos y atacó despiadadamente a los yihadistas al grito de “¡acábelos!”, consigna bélica que terminó, según esta variante legendaria, dando nombre a la población de Cacabelos. Esta versión se hermanaría con la de Camposagrado ya que en los dos casos se habla de un cierto fracaso inicial, una reconsideración del plan que finalmente les llevará a la victoria final con la complicidad y ayuda, claro está, de Santiago.
En justo agradecimiento levantaron en el lugar de los hechos una ermita en honor del Apóstol. Dice la tradición que en reconocimiento y recompensa el Rey, tal como recogen las crónicas, les concedió en 1229 los fueros o privilegios de que gozaba este concejo, que los eximía del servicio real, el servicio de armas y otras contribuciones. En recuerdo y gratitud por este privilegio los vecinos regalaban cada año un oso al señor de la jurisdicción, primero al Rey, luego a los condes de Alba de Liste, en los que los reyes enajenaron sus derechos convirtiéndolos en señores de la Jurisdicción de Bembibre a la que también pertenecía el concejo de Colinas. Un apeo de 1700 da fe: "tienen obligación de salir en cada un año perpetuamente tres días a montería”: San Julián siete de enero, San Lorenzo diez de Agosto, San Mateo veinte y dos de setiembre.. “Y si lo mataren la piel de él han de llevar a villa de Bembibre”. Con la abolición de los señoríos en el primer tercio del siglo XIX, desapareció el tributo del oso pero no así las monterías que se mantuvieron.
Qué hay de cierto en esta historia? De entrada es evidente la incompatibilidad de algunos personajes. Alfonso IX no puede ser el rey de referencia ya que reinará mucho después (finales del siglo XII) aunque su fama de gran conquistador (Cáceres, Mérida, Badajoz) pudieron catapultarlo a la leyenda. Siendo fieles a la fecha indicada al principio tendríamos que estar hablando de Ramiro III o Bermudo II. La trama legendaria sí que corresponde con la época de la “Batalla por León”: Almanzor hostiga constantemente el reino de León sitiando insistentemente la Capital con tropas venidas de Toledo (aquí está el Martín de nuestra historia), pero llega un momento en que Almanzor hace un planteamiento “ideológico” de su estrategia: la resistencia cristiana, su bravura y orgullo estaban alimentados por su fe ciega en la intervención milagrosa de Santiago. ¿Y qué fomentaba y mantenía este espíritu jacobeo? El peregrinaje a Santiago. Por eso se propone extirpar de raíz las peregrinaciones a Compostela y para ello deriva una parte de su ejército hacia Santiago, arrasando cualquier signo cristiano que encuentra a su paso. En este contexto histórico se ha de encuadrar la Batalla de Colinas y la destrucción de la Cruz Alta, conocida desde entonces, según dice la tradición, como la “Cruz Cercenada” (Quintana de Fuseros) al ser truncada por los sarracenos. Fuera por hostigamiento, fuera por campaña de limpieza o interés de saqueo, Almanzor llega a Santiago de Compostela. Todos conocemos la conquista y aniquilación de la Ciudad (997) con la consabida anécdota de las campanas llevadas a Córdoba.
Por lo que hace referencia a las tensiones y enfrentamientos entre cristianos y musulmanes parece ser que no era habitual en la zona del Bierzo. Más bien se trataba de un territorio de acogida para mozárabes huidos de Al-Andalus tal vez por estar esta tierra alejada de las constantes refriegas de los primeros siglos de la Reconquista: es lo que se conoce como la “Tebaida Leonesa” donde se multiplicaron los eremitorios y oratorios creados por S. Fructuoso y S. Valerio (S. VII) y restaurados y ampliados por S. Genadio (S. X). El Monasterio de Santiago de Peñalba (937) es el testimonio más importante.
Actualización feb2026 | 💥+455 👀
Camino Olvidado
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