100 DOSIS DE AMOR [21] [Sawabona]
Sabes cómo te sueño, lo que te añoro cada día, lo que me imagino cuando viajo... Sabes con qué ilusión te espero, lo importante que eres para mí, cómo me arrolla tu mirada, cómo me atrapas con tus besos. De qué modo te sueño, bebiendo de tus labios, buscando tu sonrisa, a intervalos meciéndonos en un baile romántico, muy juntos, hasta llenarte por completo. Mira bien lo que te digo. Si he de vivir, quiero que sea contigo. Y si eso no puede ser, tendrá que ser escrito como la más bella historia de amor que pudo tejer mi corazón, tendré que seguir amándote así, en silencio, en la distancia, en los sueños, en la imaginación.

La carta robada

Cada día nos llegan menos cartas, casi ninguna de esas que nos harían pensar, esa carta inolvidable, mientras tenemos que soportar diariamente decenas de cartas electrónicas o mensajes WhatsApp francamente olvidables.


A veces las cosas que más buscamos están ahí, delante de nuestros ojos, sólo que las buscamos equivocadamente en las profundidades de los escondrijos de nuestros cajones secretos. Es una de las lecciones, no la única, que Jacques Lacan sacó del conocido e interesante relato de Edgar Allan Poe titulado La carta robada.

En el breve cuento se muestra a un prefecto de policía que ha de atender una petición de la Reina, recuperar la carta que un ministro le ha sustraído en una audiencia. Lo hizo debido a un gesto por parte de la Reina de esconder dicha carta de la mirada del Rey. El ministro ha entendido que esa carta tenía mucho valor, pues la Reina trataba de ocultarla, y entonces, sencillamente, la ha cambiado por otra.

La Reina acude al jefe de policía y le pide secreta y encarecidamente que la recupere. La policía, que ama la realidad y margina la verdad, revuelve todas las dependencias del ministro sin hallarla, por lo que decide contratar a un famoso y espabilado detective.

Y es así como Dupin entra en acción, y haciendo gala de un modo de observar distinto, ve la carta, que se encuentra a la vista en el despacho del ministro. Después inventa una treta y da el cambiazo.

En realidad el contenido de la carta no cuenta. El valor de una carta es otro. Por eso seguimos esperando la carta, la que nunca parece llegar.

Pedro Salinas se alarmó en los USA al leer en las oficinas del telégrafo, no escribáis cartas, poned telegramas; Kafka habló del maligno hechizo de las cartas, que ocupaban sus noches; Pessoa tiró de heterónimo, una vez más, para escribir cartas a su amada; y las Cartas a Tomás Segovia, de Octavio Paz, son elocuentes para descubrir a ambos, al igual que los epistolarios de los grandes del pensamiento y la ciencia nos acercan a desentrañar el espíritu humano. Por eso, con razón dicta Lacan que la carta robada de Poe representa para cada personaje del cuento su propio inconsciente.

Sería bueno saber a quién pertenece una carta, si al remitente o al destinatario.

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El exilio imposible de Stefan Zweig

Fue poeta, traductor, novelista, biógrafo, ensayista, periodista, autor dramático, humanista y profundamente europeo