En San Salvador con Franco
En esa larga serie de entrevistas que publiqué en un diario a finales del pasado siglo, me propuse rescatar la historia de la montaña desde los distintos oficios y trabajos, cómo se hacían los carros, desde dónde se traía el vino, cómo eran nuestras fiestas. Todo lo que me intrigaba, aquello que para los mismos protagonistas era un paso diario, algo más que había que hacer por obligación, para mí, en muchas ocasiones, era un grito que necesitábamos sacar fuera, que el mundo lo viera, que alguien se emocionara. Y no sé si sirvió a ese efecto pero lo importante es que ahí queda para la hemeroteca.
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Justo Franco | Minero | San Salvador de Cantamuga Norte de Castilla, Domingo, 23 de octubre de 1994 |
Este ejercicio de recuerdos, que es una gimnasia necesaria para hacer un balance de lo que fue un día la vida en estos rincones de montaña, viene bien además para valorar a quienes lo sufrieron, que en ese sufrimiento iban también anejas la personalidad de cada protagonista, la entereza para enfrentar los riesgos, la soledad, y en el presente encuentro el milagro de respirar al final de cada jornada de trabajo en alguna de las minas del contorno.
Lo que sucedió en Zarréu (Asturias), el último día de marzo (2025), donde se extraía carbón sin permiso y en unas condiciones deplorables: “Esto no es habitual ni normal. En todas las explotaciones que yo he visitado no he visto estas condiciones, ni en el peor chamizo”.-según declaraciones de la ingeniera que lo examinó, era habitual encontrarlo en las minas pernianas en los años en qué el carbón era para la montaña el oro negro.
“Un minero no sabe nunca cuándo y cómo va a salir de la mina”. Porque aquellos años de fulgor para los montañeses no estuvo exento de dolor. Fueron años de mucho trajín, en contraposición al vacío y al silencio que ahora muestran todos los pueblos de la montaña palentina. Justo Franco, además, representa bien aquel momento agónico de las explotaciones que se vivía a finales del pasado siglo, asistiendo al cierre de una de las últimas minas del contorno, situada en el valle de los Redondos. Le pregunto por lo que importa, por la vida, si él también sintió alguna vez miedo a quedarse dentro por una emanación o un derrumbamiento. “La muerte por emanación puede llegarte dulcemente. Hay un momento en el que el cuerpo no se mueve. Notas que la cabeza se te va, te mareas, sabes que algo pasa, pero nada más.” El barruelano Francisco Merino Bravo, otro de los entrevistados lo resumía bien en una letra que yo incorporé a mi repertorio:
”Qué pensamientos cruzaron
en el trágico momento
al quebrarse las trabancas
y ver desplomarse el techo
quedándose aprisionado
solo, sin luz y sin viento.”


































