Hay quienes transforman lo simple en un laberinto léxico.
Sin duda. Absolutamente, indiscutiblemente, estamos rodeados de gente que domina el noble arte de no decir absolutamente nada durante períodos prolongados; sin pausa, sin pudor, sin punto final. Especialistas en rellenar silencios con discursos cargados de términos rimbombantes que no conducen a ningún sitio, como quien infla un globo con aire caliente creyendo que ha fabricado un dirigible. Así, comienzan con frases del tipo "en términos generales", continúan con "desde un enfoque integral" y concluyen con una carcajada académico rimbombante seguida de "eso es lo importante", aunque lo verdaderamente sustancial se perdió allá por la tercera subordinada. El caso es que uno asiente, parpadea, finge comprensión, toma sorbos de café, incluso anota cosas absurdas para no desentonar, pero la verdad es que no ha entendido absolutamente nada. Como cuando alguien dice "la transversalidad del contexto redefine la performatividad del sujeto" y tú piensas que quizás estabas mejor en la perplejidad misma del interior vital. En fin, que hay quienes transforman lo simple en un laberinto léxico, convierten lo obvio en misterio, disfrazan vacíos con neologismos pegajosos y lo peor es que acaban convencidos de haber dicho algo valioso. ¿Y qué es lo que pasa? Pues que no pasaron de ruido estilizado y tal vez ha llegado el momento de rescatar el sentido común, valorar lo directo, premiar lo claro, lo breve, lo genuinamente útil. A ver, dicho de forma llana; hay quienes logran convertir un saludo en una conferencia y una idea en un ovillo imposible y lo más increíble es que después aplauden, brindan y piden otra ronda como si hubieran descubierto América, cuando solo revolvieron el aire. Nos lo pone de ejemplo Tiburcio y se acabó.
Actualización mar2026 | 💥+155 👀
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Quedarse en las formas, no en el fondo para expresar una narrativa rimbombante, implica un discurso anodino donde el contenido semántico no habla de lo verdaderamente importante. Todo para no decir nada, expresar ruido sin juicio ni argumentos lógicos. En política, por ejemplo, este mecanismo argumentativo está a la orden del día. Y también en algunas tertulias televisivas. Una motivación inicua desde la que jactarse de un conocimiento supuestamente erudito. Ya sucedía en la Grecia clásica, la de Sócrates, en la época de Ciro. La mayéutica frente al discurso de los sofistas. Creo que en determinados contextos se prima lo aparente. A veces se echa en falta esa dialéctica científica que pone los puntos sobre las IES. Suerte con tu libro. Me gustó leerte.
ResponderEliminarUn abrazo
Un placer. Aquí estamos un sábado más
EliminarJulio C. izquierdo
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