100 DOSIS DE AMOR [77] Froilán De Lózar [Para Sawabona, el amor de su vida]

Se te acumulan multitud de preguntas. Preguntas sin respuestas. Te superan a veces, porque el Amor no entiende de razonamientos ni de sabios consejos. Quienes pasaron antes por sensaciones parecidas lo curan todo con el mismo jarabe. Te dicen que lo pasarás mal un tiempo, que todo se supera, que no hay mal (amor) que dure cien años; incluso, te dicen, que verás otro mañana mejor.
ECLIPSE DEL 12 DE AGOSTO

El eclipse del 12 de agosto de este año será uno de los acontecimientos más importantes visibles desde España en décadas. Y no me resisto a recuperar lo que varios diarios, -incluido el nuestro- dicen al respecto: "Dentro de Castilla y León, la provincia de Palencia se sitúa en una posición especialmente favorable para disfrutar del fenómeno con buenas condiciones de visibilidad.” © curioson

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Hablar mal de los otros



Quizá convenga detenerse un momento a pensar en esta institución de la maledicencia.



Frente al bien decir se alza monumental la figura del mal decir. Cuando en el lenguaje habitual alguien no dice bien  es preocupante, le corresponde, sobre todo si es aún joven, comenzar a espabilarse y ocuparse de nombrar bien lo que quiere expresar, y los términos en que se dirige a sus iguales, y a sus Otros más cercanos, y aprender a decir lo que se debe decir y en el momento en que se debe decir, cuándo se debe hablar para no decir nada, y cuándo se debe decir algo alto y claro sin necesidad de hablar.
Ese lento y gradual proceso que va del mal decir al bien decir, pasa por muchas etapas, líos, conflictos, malentendidos y sobrentendidos. Incluso rupturas, que manejando mejor ese arte del bien decir hubieran podido evitarse. Lecciones que se aprenden tarde.

Pero de la maledicencia nos interesa aquí su versión 'contra alguien'. Y aquí se me ocurre que hay dos aspectos, el arte y el goce.

Convendrá el lector que ese arte de hablar mal de los otros lo tienen algunos dotados excepcionalmente para eso que se llama la lengua viperina, esa lengua dividida en dos, y que suelta veneno. Se reconoce al sujeto dañino desde el parvulario.

Pero junto al arte de hablar mal de los otros, está el goce de hablar mal de los otros. No me refiero al placer que da el juntarse dos para hablar mal de un tercero, fórmula habitual. Me inclino por la tesis del goce, es decir, de encontrar satisfacción a la vez que dolor en el hecho de hablar mal de los otros. Quien así se conduce, sabe que está hablando mal de sí mismo, y que el odio o la envidia que manifiesta, el afán de herir tiene un fundamento en la pésima opinión que tiene de sí mismo. Por eso el placer y el sufrimiento se anudan cuando alguien echa pestes, porque no hay fin, porque goza sin límite de hablar mal de los otros, de ahí el peligro al no saber poner freno.

No hay que confiar nunca mucho en quien siempre nos habla mal de los otros. Al menos sin asegurarnos que sabe decir otro tanto de sí mismo.

Siempre nos quedará Montaigne, cuando se hacía eco de la sentencia clásica: "El olvido es el remedio de las injurias". Siempre mejor olvidar las veces que hablaron mal de nosotros, y de sus autores. Porque disponemos a nuestro favor de otro proverbio antiguo: "El mentiroso ha de tener buena memoria". Y porque necesitamos una ciudad clara, sin maledicencias.

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2 comentarios en el blog:

  1. Hablar mal de los demás, por las espaldas, la mayor parte de las veces sin que haya motivo, ni causa, sin que les haya hecho nada malo el calumniado a los demás, es el deporte nacional, qué cosa más absurda, se inventan las mentiras que dicen malas de la gente, es como si así quisieran limpiar sus miserias, sus desengaños pasados y sus toxicidades, como si quisieran lavar sus desgracias y errores, a costa de inocentes. Como destaques en algo, simplemente te odian.
    Gente que te mira mal sin que la conozcas más que de vista, o sin haberla visto nunca, sin haber ni siquiera hablado con ella jamás, sin que sepan nada de tu vida que sea cierto, es algo terrible porque no sabes qué es lo que han dicho de ti, y sin ni siquiera poder defenderte, tiene que resbalarte o si no estás perdido, hay que andar con cuidado porque te pueden hundir totalmente. La cuestión es que tu progreso en la vida depende muchas veces de las opiniones ajenas, de lo que quieran dar, y si tienen un mal concepto sobre ti, evidentemente te perjudica obstensiblemente, en tus posibilidades de lograr tus objetivos, y hacer realidad tus proyectos.
    ARTURO KORTÁZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA ©
    Fotografía del Arenal, parque regional de Gredos. Ávila, Comunidad de Castilla y León

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  2. Llevas mucha razón, Arturo y complementas en buena medida lo que dice el maestro. Gracias por comentar.

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