100 DOSIS DE AMOR [62] [SAWABONA]

No sé si ustedes me leen, si alguno se ha detenido en este mínimo diario, en estas reflexiones que sobre el Amor me vengo haciendo, que no busco el beneplácito ni la crítica y que lo expongo con toda naturalidad, como experiencias vividas o leídas, digo que, si por cualquier motivo ustedes lo siguen, asentirán conmigo que el amor que nos vende la televisión y las revistas es distinto. Luego, hay quien se casa por amor y a los dos años vuela... que son situaciones que necesitan a veces de comprensión porque la convivencia trastoca muchas cosas... Y si hay algo que no entiendo, es que alguien que ha amado de verdad, hable mal de la persona que se ha ido, que ya no está a su lado. Eso no lo entiendo. Se acabó, de acuerdo, pero formó parte de tu vida y no puedes ir dejando regueros de pólvora. Ese no es el Amor al que yo escribo.

Amor retirado


Tener garantizado el amor da muchos problemas.


Uno de ellos se observa en la actualidad en esa fórmula del amor incondicionado de los padres por sus hijos, pase lo que pase, hagan lo que hagan, en todo momento y todos los minutos.



Ese tipo de amor tan de nuestra época está dando auténticos quebraderos de cabeza. De hecho está produciendo adolescentes y jóvenes con fuertes dosis de narcisismo. Esos subidones de orgullo generalizado pondrán contentos a los entusiastas de la bobada de la autoestima, pero estos egos tan subidos no anuncian nada bueno.

No tener que ganarse desde la más tierna infancia el amor de los adultos más próximos, da como resultado un modo de conducirse en la vida muy peculiar. Por ejemplo, está de moda la especie de que el otro del amor, el semejante que ama, el partenaire, está obligado a dar, a explicar, a consentir, a entender, incluso debe amar si es amado, o aún peor, debe amar si así ha sido pactado en un contrato hablado o firmado. El amor hay que merecerlo.

Cuando las prácticas educativas actuales están tan empapadas de la idea del conductismo imperante de que las conductas se cambian por medio de premios y castigos, desconociendo que el auténtico resorte es el amor y su retirada, cuando se desconoce ese poder del amor, se edifica un sistema educativo donde el vocabulario se llena de premio, nota positiva, reglamento, expulsión, tiempo afuera, puntos, contrato, negociación, habilidades…y el fracaso está servido, como todo el mundo puede constatar. El mejor educador no es quien maneja mejor ese arsenal conductista, sino quien sabe avergonzar. Y quien se hace amar.

No hace falta recurrir a Stendhal o a otros grandes teóricos del amor para leer que el amor tiene fecha de caducidad. Se ve cada día. Destituimos y nos destituyen, subjetivamente, claro.
El amor puede retirarse. No es sin condiciones.

Y se puede retirar el amor a los hijos cuando no están a la altura, especialmente cuando se saltan la ley. Diré algo más, no cuando no corresponden al amor de los padres o no les toman como ídolos o referentes, cuando no les complacen, no. En modo alguno la finalidad de la educación es el culto a la personalidad de los padres. Se puede no complacer a los padres. Es más, se debe.

Porque lo que más puede desear un padre no es que su hijo se quede a adorarlo, sino que salga al mundo y no traicione las vías de su deseo, que no se traicione. Que saque adelante su afán.

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