El hallazgo de los restos, propicia una batalla judicial en la que se hallan inmersos todas las partes enfrentadas. La propiedad se dirime en un juzgado de Tampa, en el estado norteamericano de Florida.
Barack Obama al opinar sobre este asunto, dijo que se posicionaría a favor de los intereses españoles. El Estado español, sostiene que el barco y todo lo que llevaba a bordo, le pertenece: "La fragata La Mercedes constituye una propiedad inalienable de España, por cuyo legado "lucharemos con vigor", anticipó
César Antonio Molina, siendo Ministro de Cultura. El Estado peruano, sostiene que el oro y la plata con que se hicieron las monedas salieron de sus minas. Y, por tanto, lo reclamó ante el tribunal de Tampa, con el aval del gobierno de Alan García. Y de otro lado, José María Moncasi, español, residente en Zaragoza, uno de los descendientes directos de Alvear, cree que "el naufragio de la fragata La Mercedes implica un daño moral y patrimonial contra el comandante Diego de Alvear, que era mi ancestro y el de mis familiares argentinos". El diario argentino "
La Nación", la principal fuente en la que nos fijamos para rescatar esta historia, ya adelanta que "el curioso relato familiar de tesoros y de naufragios alcanza a figuras de nuestra historia. Entre ellas, el político y militar Carlos María de Alvear (1789-1852), el ex intendente de la ciudad de Buenos Aires, Torcuato de Alvear y el ex presidente de la Nación, Marcelo T. de Alvear. Pero es muy posible que no sean los Alvear los únicos argentinos descendientes de españoles con eventual derecho sobre el tesoro. El listado del Archivo de Indias reconoce otros 130 apellidos vinculados a los bienes que transportaba la fragata La Mercedes, muchos de ellos, con generaciones en nuestro país. Figuran así apellidos como Aramburu, Arredondo, Bustillo, Cárdenas, Bustamante, Elizalde, Escribano, Espinosa, Gainza, De la Fuente, De Olano, Erausquin, Ugarte, Querejazu y Zaldívar. Así como las familias de Joaquín Mansilla, Francisco María Zuloaga y Manuel de Rozas y Zorrilla.
Está visto que la riqueza tiene mil padrinos
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