El chisme de los pastores del Valle Estrecho
Dicen que hace unos años, en pleno verano, cuando los pastores subían a los pastos altos del valle Estrecho, ocurrió un episodio que todavía se rumorea por las brañas, aunque nadie lo admite en voz alta.
—Mis ovejas me hacen caso como si fuera su hermano mayor. ¡No se me escapa ni una!
Tarsicio, sin levantar la vista del queso que estaba cortando, murmuró:
—Ya veremos.
Al día siguiente, temprano, los pastores comenzaron a subir hacia las camperas. Pero cuando llegó el momento de contar el ganado, Ovidio frunció el ceño. Le faltaban tres ovejas. Él, rojo de vergüenza, empezó a buscar desesperado por los piornos. Nada. Tarsicio lo miraba de lejos, con esa calma de quien se sabe mayor que el monte.
Al rato, uno de los mozos que ayudaban en verano apareció con una sonrisa sospechosa.
—Ovidio, creo que tus ovejas están buscando al “hermano mayor”…
Y las señaló. Las tres ovejas estaban dentro del redil de Tarsicio, que fingía sorpresa con una sutileza digna de teatro:
—Mira tú por dónde… Parece que mis ovejas han hecho amigas nuevas.
Los demás pastores estallaron en carcajadas. Ovidio, colorado hasta las orejas, intentó justificarlo:
—Sería el viento… o que olieron sal…
Pero ya nadie le escuchaba.
Desde entonces, cada vez que Ovidio abría la boca para presumir, alguien le decía:
—No hables muy alto, no sea que se te escapen…
Y todos se entendían sin necesidad de más palabras.

SOBRE ESTA BITÁCORA
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Siempre es agradable leer este tipo de historias, porque parece que te lo están contando al calor de la lumbre.
ResponderEliminarEsta y otras historias de parecida temática, que están en la mente de nuestros mayores de nuestros núcleos rurales, están llamadas a olvidarse, si no es que alguien, con cariño por su tierra, las escribe sobre el papel, como es el caso de Estalayo. Y luego se las pasa a Froilán, otro entusiasta de su tierra, para que a través de Curioson vean la luz y pasen a ser de dominio público, que es de lo que se trata a fin de cuentas. Bonito tándem hacéis en este sentido. Saludos.
ResponderEliminarHe escrito algunos relatos sobre chismes. Chismes de pueblo, de aquellos que corrían de boca en boca, que unas veces hacían reír y otras podían dejar una herida.
ResponderEliminarPero he de confesar que la sola palabra «chisme» me sobrecoge.
Porque detrás de un chisme puede esconderse una sonrisa, una exageración inocente, una historia nacida al calor de la conversación… pero también puede haber una mentira, una injusticia o una persona que sufre sin poder defenderse.
Quizá por eso, cuando escribo sobre ellos, intento mirar los chismes con cierta distancia, con humor cuando lo permiten, pero sin olvidar nunca que las palabras, una vez echadas a volar, son como las plumas: difícil es volver a recogerlas.
Los pueblos, como las familias y como la vida misma, están llenos de historias. Algunas merecen ser contadas. Otras, quizá, merecerían quedarse en silencio.
Un nuevo e interesante chisme nos cuenta Estalayo con esa facilidad suya para lograr interés en el relato y sus personajes, protagonistas de una de las muchas cosas que pasan en la Montaña Palentina, entre ellas esta historia de “cuando los pastores subían a los pastos altos del valle Estrecho”.
ResponderEliminarUn cuento protagonizado por dos pastores trashumantes del que se extrae una moraleja, además del interés para contarlo en charlas de amigos, o a los nietos.