
Las cosas nunca empiezan cuando arrancan, sino un poco antes, en ese conticinio en el que los perros callan y las paredes guardan atisbos de cal.
Así fue el robo del rabillo de la boina de Tiburcio: sin drama y con el sigilo polvoriento de quien entra descalzo en las quimeras. Y sí, la gorra reposaba sobre la mesa, pulcra y amputada de su penacho, ese mechón terco que era más reliquia que adorno. Salió a la calle con la susodicha calada en la testa y con una inquietud que le hormigueaba las entretelas, mientras el empedrado relucía sin brillo y los alcorques destilaban vaho. Nadie preguntó nada, pero todas las miradas se posaron en el hueco donde antes danzaba el saliente, como si la vecindad en huebra hubiera decidido rastrearlo por dentro. Pasó por el zaguán del bar, por el portón de la iglesia y por la tapia del corral donde los gallos vociferaban su autoridad acallada. Mientras, el tendero pesaba lentejas con devoción de sacristán y el cartero demoró su ronda para contemplar la mutilación; incluso los mirlos, posados en el cable, parecían comentar la ausencia con su chillido metálico. Nuestro amigo recordó querellas por lindes, favores sin recibo y risas a deshora. Comprendió que su peculiar peciolo no había sido usurpado por su valor, sino por lo que representaba: la confianza de llevar el mundo por montera en la coronilla y sin pedir permiso. A mediodía el sol cayó a plomo, como hacha que ataja leñas. Rebuscó entre apechusques del ayer, husmeó tras el frontón y bajo los bancos sin interés. Nada apareció, salvo un polvo antiguo que le raspó la garganta, al estilo de espina atravesada con malas maneras. Regresó a casa con una serenidad extraña y colocó el casquete en su sitio, parco. Al anochecer, cuando el silencio olía a responsos de sopas y resignación, el citado apareció colgado del pomo de su puerta, ligeramente desmelenado, aventurado y locuaz, con sellos de pasaporte en su interior. Tiburcio lo cosió con hilo negro, lento y paciente, consciente de que en aquel gesto había más justicia poética que en cualquier pesquisa. Nos lo relata en tercera persona y no podemos apartar la mirada de su cabeza, cubierta hoy con un bombín que dice le ha regalado Sabina. Nos dieron las diez, a la hora del café.

Actualización nov2026 | 💥+333 👀
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Hoy ya tenemos un sábado al sol con menos sol. Buenos días
ResponderEliminarTú siempre nos traes sol a este lugar, en pequeñas dosis, con miradas, chillidos y convencimientos de nuestro apreciado Tiburcio. Buen fin de semana, amigo.
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