Edén de San Frutos de Duratón
Era el 14 de julio de 2014. Para mí la segunda ocasión, pero para la mayoría de mis acompañantes, su iniciación.
Ermita de San Frutos
Duratón | Segovia
El 17 de agosto de 1076 (año 1114 de la Era), Alfonso VI donaba al abad de Silos el lugar segoviano de San Frutos y en el documento firmado “ apud Navares”, aparecen los nombres de sus veintiséis repobladores entre los cuales estaban Pascual de Mesella, Feles Velaz de Vocigaz, Sthephanus Iohannis de Castiello, Sanctius Navarro y Dominico Lupo de Sancto Iusto, Didacus Rodriz y Dominicus Gomiz de varrio de Duruelo….
El templo de San Frutos de Duratón, unos de los primeros románicos segovianos se consagra, en esa península telúrica de las hoces, en 1100, según consta en una bella lápida conmemorativa.
Tal vez hay surgía la diferencia. Ellos buscaban fotografiar y rememorar la incuria que reina sobre ruinas.
Canecillos de la nave.
Inscripciones sobre “violencia de género”.
Figuras de sillares.
Tal vez, recuperar sus dos portadas….
Pero para mí, aquella ocasión era la de husmear. Mi olfato se dirigía a otro horizonte: al origen y a su secreto.
Para que la construcción de un templo románico llegara a buen término, se acostumbraba a nombrar un responsable que supervisara la obra de principio a fin. Esta persona debía poseer conocimientos específicos de matemáticas, de geometría y de arquitectura y, a la vez, estar capacitado para sostener grandes responsabilidades, puesto que también debía encargarse de la organización del trabajo de construcción y regular los gastos presupuestarios de la obra. Era el Magister Muri.
En los textos se les denomina “maestros de la fábrica” o “maestros de la obra” y dependían de él los capataces, que eran sus más directos colaboradores. A veces, en torno a un buen maestro, se reunían pintores, escultores, cortadores de piedra, talladores, marmolistas, pavimentadores, leñadores y carpinteros. Eran los Collegiata fabrorum.
Ya en algunas ilustraciones miniaturizadas de códices de la época aparece que el atributo representativo del magíster muri era la Virga (vara, en latín), consistente en especie de vara de mando o bastón de mango en forma de espiral que era portado en la mano.
Tal vez hay surgía la diferencia. Ellos buscaban fotografiar y rememorar la incuria que reina sobre ruinas.
Canecillos de la nave.
Inscripciones sobre “violencia de género”.
Figuras de sillares.
Tal vez, recuperar sus dos portadas….
Pero para mí, aquella ocasión era la de husmear. Mi olfato se dirigía a otro horizonte: al origen y a su secreto.
Para que la construcción de un templo románico llegara a buen término, se acostumbraba a nombrar un responsable que supervisara la obra de principio a fin. Esta persona debía poseer conocimientos específicos de matemáticas, de geometría y de arquitectura y, a la vez, estar capacitado para sostener grandes responsabilidades, puesto que también debía encargarse de la organización del trabajo de construcción y regular los gastos presupuestarios de la obra. Era el Magister Muri.
En los textos se les denomina “maestros de la fábrica” o “maestros de la obra” y dependían de él los capataces, que eran sus más directos colaboradores. A veces, en torno a un buen maestro, se reunían pintores, escultores, cortadores de piedra, talladores, marmolistas, pavimentadores, leñadores y carpinteros. Eran los Collegiata fabrorum.
Ya en algunas ilustraciones miniaturizadas de códices de la época aparece que el atributo representativo del magíster muri era la Virga (vara, en latín), consistente en especie de vara de mando o bastón de mango en forma de espiral que era portado en la mano.
SOBRE ESTA BITÁCORA
Esta bitácora nace en noviembre de 2008 con el ánimo de divulgar historias curiosas y entretenidas. Son 19 años acudiendo diariamente a la llamada de amigos que vienen de todo el mundo. Con +12.125.200 visitas, un mapa del románico abierto a finales de 2023 que ya ha recibido +1.528.800 consultas y +6.100 artículos en nuestra hemeroteca, iniciamos una nueva andadura. Comparta, Comente, síganos por nuestros canales de Facebook y Wasap. Y disfrute. ¡Es gratis!






















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