Ramiro de Maeztu [Vitoria, 4 de mayo de 1874-Aravaca, 29 de octubre de 1936]
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● “Me ha ocurrido que cuando la alabanza inglesa absorbía mi personalidad, alejándome de los vínculos espirituales que me ligan a la patria, he abandonado Londres más que de prisa, para ir a España ¡No, no!; ¡antes que nada, soy español!”

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Las Albarcas de Gaspar

Las albarcas de Gaspar_relato-costumbrista


Según Plinio, el invento del calzado se debe a un hombre llamado Tiquio, que era natural de Beocia.


Al menos, aseguran que fue el primer hombre que utilizó el calzado. Los Egipcios, que fueron los primeros en usarlo en el año 3.500 a.de C. emplearon el papiro como materia para confeccionarlo. Los habitantes de la Península Ibérica, el esparto; los indios y los chinos, el junco. El cuero aparece en Grecia y Roma, para el calzado y las sandalias o cáligas y se le llamó "calsea", por estar curado con cal; luego usaron la "talonera", la cáliga o bota de montar hasta media pierna.


Para dar realce a los actores, emplearon el "coturno", que fue creado por Esquilo. En la Edad Media, los antiguos francos llevaban una sandalia con "galgas" a la pierna, que era cada cinta de las que sujetan el zapato de las mujeres. En Inglaterra, hacia el año 1.089 se introduce la moda del calzado con punta aguda prolongada, que más adelante se ve curvada hacia arriba. El orígen del tacón se atribuye a Augusta, que lo utilizaba para disimular su corta estatura, pero con más verosimilitud algunos historiadores lo atribuyen a Luis XIV, por ser corto de talla y dicen que con ello realzaba su persona. "El Cámpago" era un zapato usado por los patricios en las épocas romanas y bizantinas, (campagus-borceguil). En el siglo VII ya existían las albarcas, según la obra de Francisco Villoslada, titulada "Amaya".

Según vos lo cuento así fue la cosa. Este fue el principio que tenía una solemnidad como de algo trascendental. Y no creáis que miento, que miles de testigos tengo. Estuve de vecero cuasi to el verano y, pasao el tardío me bajé un día al mercao de la villa, y diome por ir a comer a la tienda nueva, que además de taberna, vendían de to –como solían icir en la botica–. En lo que me engullí un cuarto de berdeles con pan y vino, fisgué a mi gusto y lo que más me llamó la tención, fue una gran cantidá de almadreñas de toas las clases y colores. Habíalas mu majas, bien repintás con barniz y brea o con tinta, y otras tostás talmente paecían. Entre colgauras de chorizo y ajos, había madreñas de fábrica mu abiertas de tarucos, bajucas y achaparraducas, y más pesadas que las de abedul, que no valdrían p'andar por riscos y camberas, tan estilizás, con gomas. Había tamién las largas y corochas y las pasiegas de morro alargao como un esquife; y pesqueranas, lebaniegas con hocico de gocho; cabuerniganas, castellanas, cabezonasnas, polentinas y pernianas con titu arriba; de Asturias y de León con festones en claro, hechas en mecánica, atadas por un cabo para no confundirlas al vender.

Abrí mucho los mis ojos al ver cómo relucían unas que dijeron que eran de eluminiu, talmente hechas para señoritus, pero no tan práticas como las nuestras, porque, eso sí, p'a mis creencias no encontraba al mi gusto nada mejor que las campurrianas y sobre to las que solía hacer mi defunto padre que amoldaban al pie de cada unu que hasta por ellas se podía conocele. Muchas había sueltas y envelortás (con Velorta), de avellanu y buen negocio sería vendelas toas a la vez. Esto me hizo pensar y golvime a casa maquinando y barrenando con la magín tuve ideas que pensé me dieran resultao. Cuantis que llegué a casa púseme a afilar la legra y el bedano para comenzar pronto la faena.

Bien vencía era la otoñá y pocu tiempo faltaba para que las nieves llegasen y, en tanto, cudiaos que hacienda no había y mi plan ya estaba maduru. Escogí buena madera, la "zuela" bien afilá y la legra mejor que una dalla; una espita con mango de cuerno p'a furacar los uracos de los tarucos y con muchismas pacencia espencé la labor entre fumarro y pito.

Bien llevao el trabajo, porque fácil me es y güena mano tengo, acabelas prontucu, sin estame más de dos días con ellas. Y una vez teñías y después de cocelas con ceniza de halechos y rematás, me las probé p'a ver cómo me sentaban. ¡Bién ajustás me quedaron!, como p'a correr y brincar como el chivu más sueltu del rebañu. Tan recién entarugás no tenía miedu a dar un tumbu, aunque hiciera trascolitás en cualquier escampá o en algún pedregal vidriao por la helá.

Estaba contentu con mi obra y pensaba que si a mí habían de valeme tamién a otru. Me bullía la cabeza con la idea del negocio. ?Y si las rifase?, ?no sacaría más que vendiéndolas?. En el pueblo me daba un poco de reparo hacerlo y que nadie me cogiera papeletas. En los conocidos tampoco pegaba, porque el que más y el que menos sabía hacerlas y no necesitaba comprarlas. Era cosa de hacer un intentu fuera de la vecindá y recordé que en vuestro pueblo, que era tan grande y el dinero corría porque la gente minera sabía gastalo, no hallaría inconveniente. ¿Mejor que los zapatos de suela güey, tan duros y pesaos que paecen pegarse al suelu, p'al trabajo ya les valdría, pero malos mengues me coman el rabu la boina si acerté con la idea.

Era día de paga para los mineros y todo el pueblo bullía con una alegría casi romera. Por todas partes gente: muchas mujerucas enlutadas, con sus pañuelucos negor y sus toquillas; guapas mozas parloteando alrededor de la fuente en la plaza principal; un ir y venir, salir y entrar en las tiendas y comercios con paquetes y cosas. Voces en las tabernas. Cantaridos de cuadrillas de mozos con ojos ribeteados del negro polvo carbonero; caras y manos llenas de cicatrices azules, como tatuados guerreros del trabajo. Todo con un buen día de sol en las postrimerías de otoño.

De una cantina a otra y de calle a calle fui pregonando mi negocio y poco a poco vendí unas cien papeletas, pensando en volver otro día a vender el restu. Antes del anochecío torné a través de estos montes al pueblo. Contento y satisfecho al ver lo fácil que era llenar de perras los bolsos y algún billete que en el fondo de la bata del chaleco descansaba calentucu. Conté a la mi Toña la aventura y mucho no la gustó porque algo enfurruñá m'amonestó. Me llamó zascandil, pendón, hambretón y cutre. ?No tenías otra coas que vender más que las madreñas? ¡Desgraciao!¿Pazguatu!. ?Por qué no el paraguas grande?

¡El paraguas grande!, no decía na la ariscona. El mejor recuerdo de mis padres. Eso p'a un casu mu dau y de muchu apuru. No quiso saber más del asuntu y lo que fua por mi cuenta y riesgu, que ella no quería metese en el aju. Volví a vuestru pueblo más veces, cuasi toos los domingos, los días de fiesta y los de paga. Algunos me preguntaban: ?A qué número tocó, Gasparín?. Yo respondía: Estas son otras. Las otras tocaron en ellugar vecino. Así hasta que llegó la gran fiesta del invierno, la fiesta de la patrona minera, que nunca olvidaré por to cuanto acaeció.

Preparé para mí unas nuevas madreñas, pero con la intención de gastalas en la primavera o cuando viniera el deshielo. Como tenía otras viejas que ya parecían choclos, las arreglé, clavándolas unos chinches: una hojalata de un bote entre papo y pezguera, que bien pudieran servir como arma arrojadiza. Con estas puestas, las polainas que llaman leguis, una buena zamarra, una gufanda y el tapabocas de cuadros bien arreguciao al morru, güen palo de acebo, en el bolso un cacho de pan y un chorizucu asau p'al caminu, más valiente que un mastín y con las madreñas colgás de la hombrera, me llegué bien de mañana hasta el cotu minero. ¡Rediós!, qué temblores en las piernas al pasar el altu y sentir los tiros de la denamita. Talmente cañonazos eran. ¡Retemblaba hasta la tierra! Bien creía que de seguir así, más de cuatro casas se iban a despanzurrar del ruído. ¿Qué bárbaros esos minerotes que jugaban a la guerra!, ¡Qué tolvanera levantaban en cada sitio!. ¡Cristu, padre, si atronaban los sentidos! Luego los cuhetes, las campanas, las músicas de la procesión y los cánticos de las gentis. Se quedaba uno lelu con tanta cosa. ¡Válgame el gato!

Llegué al centro de la plaza. ¡Qué de genti!. Si parecía que desde el domingo anterior habían nacido más presonas y de más edá. Habían veniu muchos forasteros. ¡Qué de voces, pregones, barracas, ruídos! ¡Tíos que se golvían locos, como si tirasen la casa por la ventana y regalaban cosas mu güenas. Así fue como entré en contatu con unos y otrus, y pocu a pocu, vasu a vasu, calenteme el cuerpu y los cascos y tóo lo conté. Lo malu del negociu es que a quien se lo conté tenía papeletas de las jugadas anteriores, siendo lo más grave que tenía una con el número premiau, que dije que había tocau en el otro pueblu. ¡Ay de mí! Aquel malvau poco tardó en avisar a los guardias que no anduvieron en más requisitorias y al calabozo municipal.

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RELATO COSTUMBRISTA
@ Arturo Pérez González
Revista Literaria "Pernía"| Núm 4 Enero de 1985

SOBRE ESTA BITÁCORA

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Esta bitácora nace en noviembre de 2008 con el ánimo de divulgar historias curiosas y entretenidas. Son 19 años acudiendo diariamente a la llamada de amigos que vienen de todo el mundo. Con +9.412.500 visitas, un mapa del románico abierto a finales de 2023 que ya ha recibido +1.408.500 consultas y +6.100 artículos en nuestra hemeroteca, iniciamos una nueva andadura. Comparta, Comente, síganos por nuestros canales de Facebook y Wasap. Y disfrute. ¡Es gratis!

1 comentarios en el blog:

  1. Me encantó Froi, a pesar de que el castellano antiguo a veces cuesta leerlo, esta historia se leía con facilidad......
    El hombre quería estafar a la gente y salió trasquilado, es que no se puede...
    Un abrazo y que pases un felíz fin de semana TQM,
    http://rosscanaria.wordpress.com

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🔻 El Balcón derruido de La Ojeda
📒Marta Redondo | Periodista | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒 Una de las personas que actualmente está luchando para que nadie se olvide de la construcción románica es otro hijo de la tierra de la Ojeda, Amando Vega. Desde hace tiempo viene investigando el abandono, «creo que fue a finales de los años sesenta, pero la iglesia en el año 1975 estaba en perfecto estado. En esa época no faltaron gamberros y ladrones oportunistas que forzaban sistemáticamente puertas y ventanas para ver que había». © curioson 👇

De la sección de la autora: Una Mirada al Pasado +1066👀



🔻 Antonio Robledo, barbero
📒 Alfonso Santamaría Diez | Castrojeriz (Burgos). Vive y escribe desde Palencia

📒 Antonio Robledo Gómez, es el último barbero-peluquero de la capital palentina que, a pesar de haber cumplido 79 años sigue al pie del cañón por apego a su oficio y a sus clientes: “No valgo para pedir, nunca he pedido nada, siempre he corrido con mi riesgo. Ahora mismo no trabajo por dinero, sino porque disfruto cortando el pelo y tengo contacto con la gente” © curioson 👇

De la sección del autor: Palencia en mis recuerdos | +1.301👀



🔻 Arthur Rimbaud, mito de la literatura moderna
📒 Beatriz Quintana Jato | Catedrática de Literatura

📒 Compuso a los diez años su primer poema, y dejó de escribir a los diecinueve, cuando se encontraba en la cumbre de su genio; pero antes, a los ocho años recién cumplidos, escribía en su cuadernillo de notas: “¡Diantre! Yo seré rentista. No tiene nada de agradable eso de gastar los pantalones sobre los bancos de la clase...” © curioson 👇

De la sección de la autora: Autores de Nuestra Historia | +818👀



🔻 Concentración de románico en Palencia II
📒 Cristina Párbole | Historiadora | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒La particular situación geográfica en la que se encuentra el norte de Palencia es una de las principales causas de la gran cantidad de iglesias románicas. Palencia es el nexo de unión entre la extensa y llana Tierra de Campos y la escarpada Cordillera Cantábrica. Su cercanía con el mar será también muy importante e influirá en la concentración de románico. © curioson 👇

De la sección de la autora: Románico curioso | +1.360👀



🔻 La Bella Dama de La Peña Redonda
📒 Eduardo Gutiérrez | Escritor y Fotógrafo nacido en Guardo | Escribe desde Palencia

📒Dibuja orgullosa su alargada sombra proyectando su perfil sobre el horizonte montañoso del norte palentino; un lugar de ensueño, jalonado con el legado patrimonial y cultural que la historia le ha otorgado. El templo, bendecido a la Virgen de la Asunción, ofrece en agradecimiento a estas tierras de gentes austeras, sobrias y trabajadoras, siempre hospitalarias, su más imponente imagen, acuñada en tiempos del tardorrománico rural palentino. © curioson 👇

De la sección del Autor: Dentro de mi mochila | +2.160👀



🔻 Calmar la ansiedad
📒 Fernando Martín Aduriz | Psicólogo | Alma del Ateneo de Palencia

📒El intento es siempre singular, pero hay usos colectivos. Se trata de burlar la espera tanto como apaciguar ese tormento interior que a tantas personas impide hacer vida normal (si es que existe tal cosa). © curioson 👇

De la sección del autor: Mejor no comprender | +484👀



📒 EN PORTADA | UNA RUTA CADA DÍA +646👀

El anillo de Picos

El Anillo Vindio, la menos exigente de las opciones del Anillo de Picos, recorre el Macizo Occidental o Cornión, por parajes espectaculares....