100 DOSIS DE AMOR [38] [SAWABONA]

En muchas ocasiones me he preguntado, si por algún extraño efluvio a mí se me hubiera negado el derecho a ser feliz, y un día, no hace mucho, encontré en una tiendecita un cartel que rezaba: "Atención, la felicidad existe". Me lo compré encantadísima, como si fuera un seguro a todo riesgo, y con esa misma ilusión lo coloqué una mañana en mi despacho; ese mismo día, no creo que lo olvide jamás, recibí la primera cuenta de un rosario de desgracias que me abatieron, y he llegado a la armónica conclusión de añadir a mi cartel reivindicativo que sí, que la felicidad existe, pero que se vende muy cara. Es posible que con el amor ocurra igual."

Un poeta en el camino


No conozco a Marcelino García Velasco. El wasapeo diario con su esposa, Carmen Arroyo, que firma también en estas páginas, me ha ido llevando hacia su casa, hacia sus vidas; hacia el pasado de todos, donde vuelven por momentos rostros y escenas que nos ayudaron a valorar la vida.



Un poeta en el camino_Marcelino Garcia Velasco

El 23 de febrero de 1963, Carmen conoció a Marcelino, que venía de otra relación a la que estuvo atado por las lágrimas, que no por el amor, de ahí “Tristeza, amor acaso” y “Ebriedad de tristeza”. En sus versos, el poeta palentino y universal ya va dejando el manifiesto de su desamor. Un drama que sirvió de lectura a su gran amigo, el gran poeta de Mazariegos, José María Fernández Nieto. “En cuanto Marcelino le comunicó que se había enamorado se desplazó en su 600 verde para conocerme.”-cuenta Carmen. Toda su familia se había trasladado a La Coruña. Cuando les contó que se había echado novio, su padre, alarmado, la llevó hasta Finisterre, la costa de la muerte, intuyendo que con aquel paseo se le iba a quitar de la cabeza Marcelino. “Pensaron en casa que, como había tenido otra novia y la dejó por mí, me iba a engañar”. Pero Carmen espera y confía en aquel galán que invade sus 20 años. Y llega a su vida y se queda para siempre. El 21 de agosto del 64 se dan el sí en la iglesia de Santiago de Valladolid, asistiendo como invitados tres grandes poetas: su gran amigo y compañero José María, Juan José Cuadros y Manolo Carrión.

En “Memoria del mirar”, libro al cuidado de la Fundación Jorge Guillén, escribe Marcelino: 

Hijo mío, esta noche no alcances las riberas
de mis ojos, que es tarde y hace frío
en lo oscuro del pecho.

O aquel otro:

"Y siempre nos sorprende la palabra
desnudos frente al mar de los deseos".

O como aquel que explica el conocimiento de otras tierras.

Y como aquel que, joven, deja un día
el aire de su tierra
y sale a conocer campos de luz
extraños a sus ojos...

El maestro sentía
correr los ríos hacia el mar.
No se atrevió a decir cómo los hombres
dejaban su meseta, sus pupitres
de sueños persiguiendo
otras escuelas más allá del hambre
y mucho más allá de la inocencia:
ventanales a extraños horizontes
sobre otras cuestas salvadoras.

El poeta puede entrar en tu vida cuando menos lo esperas, como entró Marcelino en la de Carmen, como ahora entró en la mía...


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