La nula coincidencia, en algún momento al menos, en nuestros paseos al exterior del internado con las chicas del otro Colegio de la localidad, que atestiguamos sin excepción todos los que por allí pasamos durante aquellos años, se quebró, sin embargo, como salvedad única, en aquella ocasión en la que, para sorpresa general de todos y cada uno de nosotros, se nos anunció que para el estreno en nuestro Colegio de la obra de teatro que algunos de nosotros estábamos ensayando, se había hecho una invitación en firme al otro Colegio existente en Cervera de Pisuerga, el de monjas, para que sus alumnas asistiesen al evento en nuestro Salón de Actos.
 |
||||| Montaña Palentina | José Luis Medina Gallo |
Excuso decir que tras escuchar la noticia, nos entró de pronto un temblor interior, rayano en el nerviosismo más severo, que permanecería dentro de nosotros durante unos cuantos días. Por lo que de inmediato nos apresuramos a comentarlo y ponerlo en común con nuestros amigos más cercanos. Pensando en qué tendríamos que hacer nosotros en tal momento, si saludarlas y darles la bienvenida a nuestro Colegio, entablar algún tipo de conversación de cortesía con las chicas más cercanas a nosotros en las sillas del Salón de Actos, responder a sus miradas y ser amables con ellas, o tal vez actuar con normalidad y sonreírlas solamente. Lo cierto es que aquello resultaba para nosotros un acontecimiento mucho más que extraordinario, novedoso al ciento por ciento, que estuvimos unos días con un reconcome interior rayano en el nerviosismo severo, que nos llevó a una cierta melancolía y a sentir en el estómago una especie de mariposillas revoltosas que no paraban de revolotear cada día de la mañana a la noche; produciéndonos incluso una cierta pérdida de apetito en algunos casos. Y claro, esperando que llegase cuanto antes el día del estreno de aquella obra de teatro; porque si no, no sabíamos qué iba a pasar con nosotros en un estado de emoción y nerviosismo así. Como era de esperar, en vísperas de la representación desde la dirección del Colegio se nos impartieron unas instrucciones meridianamente claras al respecto y severas por demás, sobre cuál debía ser nuestro comportamiento esa tarde en el Salón de Actos para con las chicas del otro Colegio. Que iban desde el que no nos alborotásemos innecesariamente y guardásemos silencio por encima de todo; que las respetásemos y mostrásemos nuestra educación en todo momento como anfitriones que éramos; que nos comportásemos ante ellas como lo hacíamos habitualmente, sin ninguna subida de tono, ni estridencias ni escándalos de ningún tipo; que no entablásemos conversación con ellas bajo ningún concepto, a pesar de que algunas de ellas estuviesen cercanas a nosotros por su distribución en el Salón. Y que allí estábamos sólo para ver la representación de teatro, aunque las tuviésemos a ellas como invitadas. Y que, por supuesto, si no cumplíamos las normas habría un castigo ejemplar y colectivo para todos nosotros. Así que, llegado el día y, en concreto la tarde de aquel estreno de nuestra obra de teatro, en la que habíamos puesto la confianza de que sería una tarde especial para nosotros que nos marcaría de alguna manera, pasaría en esencia con más pena que gloria, y con los nervios todavía presentes y las mariposas metidas en el estómago; que tardarían todavía algunas horas en desaparecer una vez finalizada la representación y que ellas abandonasen nuestro Colegio. Y es que, en verdad, nuestro deseo era hablar con ellas, preguntarles cosas de su internado y su vida en el mismo, sus juegos, sus paseos, sus aficiones y todo lo que fuese surgiendo al respecto. Pero la imposibilidad de hacerlo, ni siquiera intentarlo por las normas tan estrictas establecidas por nuestros superiores, nos dejaron al final un regusto demasiado agridulce y teñido de decepción, a pesar de nuestra corta edad. Quedándonos también con las ganas de conocer cómo lo habían pasado ellas, las chicas del otro Colegio, aquella tarde junto a nosotros. Si les gustó nuestra obra de teatro, si se divirtieron con ella, si al marcharse nos calificaron a nosotros como tristes, aburridos y nada simpáticos; o tal vez caballerosos y educados por encima de todo. Claro que ellas nunca sabrían tampoco las duras instrucciones que a nosotros se nos habían impartido al respecto de su presencia en nuestro Colegio. Que, muy probablemente, ellas las recibirían también en similares términos para tal ocasión.

Actualización jun2026 | 💥+505👀
Pautas y comportamientos de otros momentos de la historia, aderezados por la imagen de nuestro amigo José Luis Medina Gallo, el mentor de Cervera y su comarca en Onda Cero cada mediodía de viernes. Precisamente, viajamos el próximo domingo de la mano de este autor al monasterio de Santa María de la Vid (Burgos), monasterio conocido también por "El Escorial del Duero", y al que fueron a parar con la desamortización, los archivos del desaparecido Monasterio de la Asunción de Cervera de Pisuerga. Gracias, Javier, por esta nueva entrega. Buen fin de semana.
ResponderEliminarPues así eran los tiempos y las circunstancias. Y claro, por encima de todo había que evitar la tentación por parte del diablo en nuestra todavía endeble personalidad. Sin embargo, vivimos una experiencia más, mariposillas en estómago incluidas...
EliminarY con respecto a lo que nos anuncias, Froilán, para el domingo, estaremos atentos. saludos.
Me imagino, tal como lo cuentas, esa ilusión frustrada antes, durante, y después de la representación de la obra de teatro, por culpa de la disciplina impuesta por los frailes, con amenazas y castigos para que no os alborotaseis con la presencia de esas chicas, a quien seguro que también las monjas les leyeron la cartilla.
ResponderEliminarPues así fue, Alfonso, tal y como lo piensas; porque las instrucciones eran claras en el sentido que lo cuento. Eran los tiempos que eran y estábamos en un Colegio de frailes, donde la vocación religiosa era la meta principal y había que evitar cualquier "peligro" que nos pudiese alejar del camino. Y ya sabes, el demonio estaba al acecho siempre para la tentación....; así que era prioritario evitar la tentación. Claro que tampoco supimos nunca el porqué de aquella invitación a las chicas del otro Colegio de Cervera a que asistiesen a nuestra representación de teatro. De repente nos ponían el caramelo en la boca, pero no nos dejaban saborearlo... Vivir para ver... Saludos.
EliminarLeyendo este texto, nos damos cuenta de la represión salvaje en la época de la dictadura. Tu texto, amigo Terán, me recuerda a Retrato del artista adolescente. de Joyce., y AMDG (Ad maiorem del gratiam), de Pérez de Ayala. En esos textos y en el tuyo se refleja la fijación enfermiza del clero con la sexualidad , la condena de la masturbación y las relaciones sexuales. Y lo peor, el complejo de culpabilidad de tantos adolescentes de ambos sexos, que veían cerca el infierno en cuanto experimentaban una erección. Para que algunos digan que en aquella época se vivía mejor. Qué ingenuos.
ResponderEliminarMe alegra, el que mi relato, cien por cien verídico e incluso intentando no cargar las tintas en cuanto al apartado de las estrictas normas que se nos impartieron al respecto, te haya servido, Enrique, para que con tu comentario se nos refresque la memoria sobre este particular. Y es que, en el fondo latía la tan traída y llevada vocación religiosa, y había que mantenerla pura evitando peligros del camino. Saludos.
ResponderEliminar