Tras la intrahistoria de mi Colegio
Parece ser que la palabra intrahistoria fue creada por el gran escritor español Miguel de Unamuno, entendiéndose, y cito palabras de la R.A.E., como “la vida corriente y tradicional de algo, que sirve de fondo permanente a la historia cambiante y visible de ese algo”.
Intrahistoria sería también la misa diaria de siete y media de la mañana, con los ojos todavía llenos de sueño, a la que era obligatorio asistir y participar en la misma con los cinco sentidos, aunque seguro que muchos de los días nos faltaba alguno o varios de ellos, que se habían tal vez difuminado o hasta perdido en el corto camino entre el dormitorio y la capilla. Otro inconveniente más de madrugar tanto cada día.
E intrahistoria era también, sin lugar a dudas, aquellos cortos minutos de recreo que a veces se nos otorgaban entre actividad y actividad, y que por su corta duración nos resultaban mucho más intensos y se disfrutaban mucho más, aprovechando cada minuto de más que, por una u otra causa, se nos regalaban de vez en cuando.
Y cómo no, intrahistoria podría ser también aquellas continuas reflexiones y charlas espirituales que, con motivos varios, se nos ponían por delante, en tiempos tal vez muertos de actividades o un tanto decaídos y bajos de moral, que nos reunían a todos en la capilla o en el salón de actos. Insistiéndonos siempre en que era preciso estar atentos en el día a día por si de pronto recibíamos la llamada de la vocación; que era la religiosa, obviamente; pues era evidente el lugar en el que nos encontrábamos.
Y, por supuesto, que la intrahistoria la constituían también aquellos momentos de la noche, en torno a las diez, en los que, camino de los dormitorios, nos retirábamos a descansar cada día. Porque allí, en la oscuridad y el silencio de la noche, era donde cada cual se encontraba consigo mismo. Y su pensamiento podía vagar sin cesar entre el Colegio, donde nos encontrábamos, y nuestra casa y nuestra familia, donde aspirábamos a poder regresar, mejor antes que después. Aunque supiésemos de antemano que eso sólo se iba a poder cumplir cuando llegase el tiempo de las vacaciones.
Y claro, intrahistoria sería también la que cada cual fue capaz de construirse con su propio yo y las cosas que le sucedían día a día dentro del Colegio.
Cuaderno de anotaciones
Ver Artículo Completo: José Luis Medina Gallo Expolio y abandono del Colegio Regina Pacis
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La intrahistoria del Colegio Regina Mundi de Cervera nos lleva a tu internado en ese colegio, a las madrugadas nocturnas para estar en misa a la 7,30 de la mañana, de la quién podía “se escaqueaba”. Lo que realmente os gustaba era el recreo, demasiado corto porque era el único lugar donde estabais a gusto, sin la férrea disciplina de los frailes. Continuas reflexiones y charlas espirituales que os ocasionaban decaimiento y baja moral porque no tenías vocación. A las diez a dormir y al encuentro consigo mismo porque era el único momento en el que el silencio y la soledad os permitía pensar con la vuelta al hogar lo antes posible, lo que demuestra que no erais del todo felices por esa falta de vocación.
ResponderEliminarAgradecido por tus palabras, Alfonso. Como ves, el relato del día a día en el Colegio era muy normalito; y así día tras día. Es de suponer que, dado el momento que vivía el país en todos los aspectos, la vida de cualquier internado al uso transcurriese en parecidos términos, tanto de frailes como de monjas. Es lo que había; y gracias a ello quienes vivíamos en el medio rural tuvimos una oportunidad para seguir con los estudios una vez cesaba la obligatoriedad de la escuela a los 14 años. Saludos.
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