Fauna Montaña Palentina | Tasugo
En los últimos tramos de esta sección me sorprende gratamente el tasugo o tejón. Tasugo es uno de los nombres comunes que se da al Tejón, pequeño mamífero de la familia Mustelidae, cuyo nombre científico es Meles meles.
En un receso de nuestro recorrido el fotógrafo me participa sus andanzas por la montaña palentina. No es fácil encontrarte con un tasugo, como aquí llamamos al tejón -me dice. Son animales nocturnos, recelosos, de una fuerza increíble y una mirada que impone respeto. Y, sin embargo, en más de una ocasión, la montaña me regaló el encuentro con ellos.
Recuerda que uno de esos momentos lo vivió en los Llazos, cuando descubrió su guarida entre las rocas y como los del pueblo le mostraron las viejas trampas que utilizaban para cazarlos hace muchos años. Después los vio en el Tremedal, donde el tasugo se mezclaba con la memoria de los pastores que alguna vez durmieron cerca. Y aunque son animales nocturnos, alguna vez los sorprendió de día, caminando con paso firme, como desafiando las reglas del tiempo. Al encontrarse con este animal a nuestro fotógrafo le pareció que la naturaleza quería decirnos algo, que aún hay vida latiendo en la profundidad del bosque.
Con una medida aproximada de 80 centímetros, cabeza blanca con dos franjas negras longitudinales y hocico prominente, extremidades y cola corta. Así parece que se documenta la primera vez en 1326 en el libro del caballero y del escudero, de Juan Manuel.
Mundo curioso
📒 El naturalista Mariano de la Paz Graells, riojano de nacimiento, tío del historiador Florencio Janer y miembro Fundador de la Real Academia de Ciencias Exactas, con más de 75 trabajos publicados donde se describen especies nuevas y entre las que destaca el magnífico lepidóptero Graellsia isabelae, describió en el siglo XIX la subespecie M. meles marianensis, con distribución exclusiva en la Península Ibérica, que tiene un tamaño mayor y colores más oscuros que el tejón que aquí estamos describiendo. Parece que ese estudio no fue unánimemente apoyado por la comunidad científica.
📒 La excavación de una tejonera, que es citada de forma habitual por la literatura científica, reveló que contaba con 879 metros de túneles, cincuenta compartimientos, y ciento setenta y ocho entradas. Los investigadores estimaban que su construcción requirió extraer 70 toneladas de tierra lo que implicó varios siglos de trabajo. Tamaño hallazgo evidenció que se trataba de una tejonera heredada por generaciones.
Cuaderno de anotaciones
@ Los tejones son omnívoros, se alimentan de insectos, particularmente abejas y miel, de donde probablemente procede su nombre latino de «Meles» (miel en latín). Se alimenta también de otros invertebrados, de mamíferos, de reptiles pequeños, maíz, frutas y plantas, en general, sin desdeñar la carroña.
@ Estalayo se aproxima a las características que encuentro en la red, que aconsejan no dejarse engañar por su tierno nombre, pues el tejón melero es conocido por su temperamento agresivo, razón por la que es rechazado también entre sus congéneres y por otras especies.
@ Los sentidos del olfato y el oído los tiene muy desarrollados, mientras que la vista la tienen más limitada, pues por sus hábitos de vida, la han adaptado prácticamente al uso nocturno y a la oscuridad de su madriguera.
@ Patas cortas y fuertes, con un desarrollo muscular mayor en las patas anteriores.
@ Hocico prominente y musculoso, como adaptado para hozar.
@ El vientre y las patas negros; cabeza blanca con dos franjas negras que abarcan los ojos; el borde de las orejas y el extremo de la cola blancos.
@ el pelo del tejón es muy apreciado en usos tradicionales, como pinceles artísticos, cepillos y brochas de afeitar.
@ Como dato anecdótico hay que señalar que entre Campoo y Burgos se llama "tasugo" a una persona obstinada.
@ Aunque prefieren como hábitat las estribaciones montañesas, parece que la presencia de ganado le hace bien en bosques claros con pastizales amplios, así como terrenos propicios para excavar las tejoneras.
@ Inicialmente consumía carne fresca, para alimentarse en la actualidad también con vegetales, lombrices e insectos.
@ La cópula puede durar de dos a noventa minutos y se estima que solo las cópulas de más de diez minutos fecundan a la hembra.
@ En Meles meles, una página con muchas curiosidades comentan que el tejón dispone de una implantación retardada, es decir, que la hembra puede guardar el óvulo fecundado varios meses.
@ Se han encontrado restos de esta especie correspondientes al periodo Holoceno en la cueva de Gabasa (Huesca).
@ Su longevidad se calcula en unos quince años, aunque en estado salvaje es mucho más corta, dado los problemas que deben sortear de enfermedades, hambre, la caza y los depredadores.
@ El naturalista Georges-Louis Leclerc de Buffon lo describió como un animal perezoso, desafiante y solitario.
@ En una página que lleva por título "la cueva del tasugo" encuentro esta bonita dedicatoria: Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces", símbolo del sentido común, él coraje y la determinación, sabio ermitaño, leal con sus amigos, amante del buen tiempo y de los rayos del sol, y busco el equilibrio entre lo que yace bajo la tierra y lo que descansa sobre ella.
@ Y para quienes piensan en matarlo encuentro un mensaje en Univisión: "Hubo un tiempo en que se pensó que los tejones eran animales malditos que podían vaticinar la muerte. Si uno de estos mamíferos se paraba delante de una persona y escarbaba la tierra, eso era señal de que moriría pronto. Como muchos otros animales, el tejón es una criatura que debe ser protegida para que siempre forme parte de la rica biodiversidad de nuestro planeta."
Fauna Montaña Palentina
Diario Palentino 2025
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Amigo Froilán: Mi comentario no tiene que ver con el tejón, sobre el que, junto a Estalayo, nos escribís y mostráis hoy, tan exhaustiva y espléndidamente, como habéis hecho con el resto de la fauna palentina, y por ello merecéis admiración, respeto y agradecimiento.
ResponderEliminarAprovecho este lugar para darte gracias por tu una nueva muestra de afecto, la aparición de la simpática foto que me hiciste con Alfonso, en el Casino, acariciando su barba.
Me has hecho recordar aquel feliz día del reencuentro, tras tantos años, con Carmen y Marcelino, amén de conocer y establecer amistad con el entrañable e incombustible Alfonso.
Gracias.
Julián
Querido amigo: Es verdad que los recuerdos te devuelven momentos que disfrutamos tanto, llevando como anfitrión al incombustible Alfonso. Gracias por seguir ahí, atento cada día, cerca de esa catedral que tanto admiro y de esa ciudad que tantas veces he visitado. Lo anoto para volver pronto a visitarte y ya de paso saludar a José Antonio que sigue también desde León esta bitácora.
ResponderEliminarHoy Froilán nos pones como protagonista al tejón, creo que aquí por nuestra zona suele verse alguno, yo no si hay muchos o pocos y a pesar de que estuve por aquí toda mi vida solo recuerdo haberme encontrado con dos y muertos y en la carretera y por la noche. Pienso, por nuestra zona había muchos erizos, ahora es muy difícil ver alguno porque creo que por la noche buscan el calor del asfalto de las carreteras y los coches les pillan, ¿no ocurrirá lo mismo con el tejón ?
ResponderEliminarMuy completo Froilan.
ResponderEliminarA veces pienso que la Montaña Palentina tiene un modo propio de enseñarnos las cosas, como si guardara sus misterios en silencio y los soltara cuando menos te lo esperas. Durante quince años anduve buscándole el rastro al tasugo —al tejón— como quien sigue un hilo suelto en la memoria. Preguntaba a pastores, a cazadores, a guardas; revisaba sendas embarradas, bordeaba regatos, estudiaba las huellas frescas después de una noche de lluvia. Nada. Como si la tierra se los hubiese tragado.
Y, sin embargo, la vida —o quizá la montaña— tiene estas bromas que a uno lo dejan sin habla. Bastó un solo día, un día cualquiera, sin buscarlos, para toparme con tres. Tres tasugos muertos en apenas cuatro kilómetros. Uno junto a una curva sombría, donde el bosque se cierra. Otro a la orilla de la carretera, como si hubiese querido cruzar para perderse en los prados. Y el último, tendido junto a un arroyo, donde el agua aún cantaba sin enterarse de nada.
Me quedé allí, en silencio, mirando a esos animales que se me habían negado durante tantos años. Pensé en la ironía de la montaña, en su manera de mostrar lo que esconde cuando a ella le parece, no cuando uno lo quiere. Esa mezcla de belleza y crudeza que siempre ha tenido: dar y quitar, enseñar y ocultar.
Mientras volvía a casa, con el aire fresco pegado al rostro, comprendí que la montaña no se explica: se acepta. Y que sus misterios, como los tasugos, aparecen cuando el monte tiene a bien dejarlos ver… aunque a veces sea tarde.
El animalejo que hoy, Froilán y Estalayo, nos mostráis en vuestra sección del periódico, el tejón o tasugo en otras latitudes, es un animal más bien difícil de visionar. Aunque nuestro fotógrafo sí lo ha logrado.
ResponderEliminarCon el reportaje hemos aprendido una serie de curiosidades al respecto que son interesantes conocer; así que bienvenido sea. Saludos.