100 DOSIS DE AMOR [93] Froilán De Lózar [Para Sawabona, el amor de su vida]

A mi edad los años no se diferencian de los meses. Pasa el tiempo y debes echar cuentas. Todo lo que lograste, fue llegar a este sitio y a mitad de camino enamorarte, echarlo todo en aquella balanza del Amor, perder el equilibrio, condenarte a no ver en otros ojos lo mismo que en aquellos que te arrebataron el sentido para siempre. Claro que, las cosas pueden cambiar en un momento, la vida puede dar un vuelco de repente. Yo he dejado de creer en muchas cosas, pero sí considero que hay un karma, un algo que nos devuelve de algún modo, a veces de improviso, aquello que compensa con creces todo lo que con tanta fuerza desprendimos.



San Andrés: Las chicas de Quintanilla


Este año por San Andrés, “nos iremos al baile a Quintanilla”, decíamos el grupo de chavales de Velillas del Duque, cuando veíamos que se acercaba el 30 de noviembre, la fiesta en la vecina Quintanilla de Onsoña, a dos kilómetros tan sólo. Y así fue. Por lo que llegado ese día, tras vestirnos especialmente para la ocasión con el traje de los domingos y recibir el correspondiente parabién de nuestros padres, una vez finalizada la escuela partimos como una exhalación carretera adelante hacia Quintanilla, ya de fiesta.




|||||    Quintanilla de Onsoña | Diario Palentino

En la cantina del pueblo nos aprovisionamos de lo básico para nuestra edad, para poder pasar buena parte de la tarde de la mejor forma: un par de paquetes de pipas, un tercero de cacahuetes, algunos chicles y una selecta selección de dulces. Tras salir de la cantina, nos pusimos a recorrer las calles del pueblo, siempre con nuestras provisiones abultando nuestros bolsos del pantalón de manera ostensible. Buscábamos el poder encontrarnos con algún grupo de chicas del pueblo para invitarles con algunos de nuestros presentes y proponerlas que nos enseñasen todos los rincones importantes de su pueblo. Entrando así en animadas conversaciones que, a la postre, terminaríamos compartiendo en conjunto algunos juegos de calle, residentes frente a visitantes casi siempre. Lo importante era pasarlo bien compartiendo experiencias de uno y otro lugar; y el ganar o perder el juego en cuestión, no pasaba de la simple anécdota. Y así, entre risas y bromas, llegó la hora del comienzo del baile; y la alegría parecía inundar de pronto la era. Nosotros y nuestras amigas recién conocidas, que nos habíamos situado en un lateral de la era formando un aparte con respecto al resto de parejas, pronto nos contagiamos de la alegría de la música, y no dejaríamos de saltar y movernos al compás de la misma. La noche, entretanto, estaba ya a punto de cubrirlo todo con sus sombras, marcándonos el momento en el que debíamos abandonar la fiesta y regresar a nuestras casas. Así que, aunque nos costaba un tanto el abandonar Quintanilla y su fiesta, justo cuando el baile estaba en su momento más divertido, nos despedimos amistosamente de nuestras amigas agradeciéndoles la tarde en su compañía. Con la promesa, por su parte, de visitarnos en Velillas en una próxima fecha. Así que la pena por tener que abandonar la fiesta la aminoró ostensiblemente esta promesa de nuestras amigas. Pasados unos meses desde que nosotros acudiésemos a Quintanilla en el día de su fiesta de San Andrés, llegada la fiesta grande de nuestro Velillas del Duque, Santiago, el 23 de mayo siguiente, los chavales recibimos sin esperarlo la grata visita –tal y como nos lo habían prometido- de nuestras amigas las chicas de Quintanilla. Fue una sorpresa para nosotros cuando las vimos llegar por la calle principal en dirección a la era donde se tenía previsto que se realizase el baile; y donde también se habían instalado ya el almendrero y un puesto de dulces.


Así que nos acercamos a ellas y, tras agradecerles su cortesía para con nosotros, las invitamos a almendras y a una selección de dulces; con lo que conseguimos entablar una pequeña conversación tratando de romper el hielo y los nervios que, sin duda, estaban muy presentes por ambas partes. Y así, bien pertrechados de almendras y golosinas, nos convertimos sin esperarlo en anfitriones para las recién llegadas, recorriendo el pueblo en conjunto para mostrárselo a nuestras amigas en toda su extensión. Nosotros ese día nos habíamos vestido de fiesta dado el día que era, y ellas también lucían, entendíamos, sus mejores vestidos, porque estaban en un pueblo que se encontraba de fiesta. Fiesta que corroboraba aún más el sonido festivo de los cohetes que de cuándo en cuándo estallaban en el cielo, y el especial volteo de las campanas de la iglesia que de pronto venían a anunciar la tarde de fiesta y a romper el silencio de la misma; como si todos aquellos sonidos hubiesen sido la particular bienvenida para nuestras amigas de Quintanilla. Avanzada la tarde, con el sol ya a punto de esconderse por sus lugares de costumbre, los primeros sonidos de la orquesta inundarían de música el pueblo, cuyos habitantes comenzaban a concentrarse en la era, a la que también llegamos nosotros y nuestras amigas, esperando pasar un tiempo agradable en su compañía. Y así fue; lo que hizo que, antes de lo deseado por ambas partes, porque el tiempo había corrido que se las pelaba, nuestras amigas nos asegurasen, no sin una cierta pena en sus rostros, que debían emprender el camino de vuelta. Así que nosotros, agradeciéndoles su visita a Velillas, y mientras la música seguía sonando de fondo, nos fuimos despidiendo de ellas acompañándoles un buen trecho del camino de vuelta carretera adelante hasta que comenzaban a divisarse ya las primeras luces de Quintanilla, apenas a unos metros del pueblo. En la despedida, por ambas partes prometimos volver a celebrar ambas fiestas con sendas visitas a ambos pueblos. Mientras regresábamos al nuestro, la luna, desde su posición sobre nuestras cabezas, parecía alumbrar aquella noche la carretera con una especial nitidez, que nosotros agradecimos muy mucho.
Actualización jun2026 | 💥+353👀







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2 comentarios en el blog:

  1. Alfonso Santamaría Diez05 junio, 2026 12:39

    Una historia muy lejana, en tus recuerdos de niñez, de las fiestas de Quintanilla y de Velillas, las primeras por San Andrés, la nieve en los pies, y las vuestras por Santiago, primavera avanzada.
    Me imagino ambas fiestas, una invernal y la otra primaveral, así como vuestra entrada en la cantina de Quintanilla para comprar golosinas y gastar la propina, e iniciar un pequeño recorrido por las calles de un pueblo tan pequeño al encuentro de las chicas, jugar con ellas a la espera del baile en la era. Saltar y brincar hasta la hora de volver a Velillas, en una tarde corta porque a finales de noviembre enseguida es de noche.
    Larga espera para volver a ver a vuestras amigas de Quintanilla vestidas de primavera con la llegada de vuestra fiesta, en la que volteaban las campanas y explotaban los cohetes. Baile en la era, con la presencia del almendrero y el puesto de golosinas, en una tarde interminable de mayo.
    Recuerdos infantiles con esa especial manera de vivir y sentir las fiestas en la inocencia de la edad escolar, que permanecen en tu memoria. ¿Qué habrá sido de esas amigas?

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  2. Muchas gracias, amigo Alfonso por tus palabras; donde logras extraer de forma resumida los puntos más relevantes del relato que a ti te han llamado la atención, y que juntos alcanzarían a formar un pequeño relato dentro del relato general. Y al final, tu pregunta última quedaría sin contestar, entendiendo que la vida les habrá deparado un camino a seguir con el paso de los años. Saludos.

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