100 DOSIS DE AMOR [38] [SAWABONA]

En muchas ocasiones me he preguntado, si por algún extraño efluvio a mí se me hubiera negado el derecho a ser feliz, y un día, no hace mucho, encontré en una tiendecita un cartel que rezaba: "Atención, la felicidad existe". Me lo compré encantadísima, como si fuera un seguro a todo riesgo, y con esa misma ilusión lo coloqué una mañana en mi despacho; ese mismo día, no creo que lo olvide jamás, recibí la primera cuenta de un rosario de desgracias que me abatieron, y he llegado a la armónica conclusión de añadir a mi cartel reivindicativo que sí, que la felicidad existe, pero que se vende muy cara. Es posible que con el amor ocurra igual."

Envidia: mirar con malos ojos


La persona madura no envidia a nadie, vive y disfruta lo que tiene.


La persona madura no envidia a nadie, vive y disfruta lo que tiene_Elisa-Docio

Del latín invidia, “el que no ve con buen ojo”. Según la RAE, tristeza o pesar del bien ajeno. Como ya enuncio Aristóteles, “La envidia es el dolor que causa la prosperidad de los otros”. En el catolicismo pertenece a los siete pecados capitales porque de él derivan otros. Ha estado presente en todas las culturas y se la ha representado destrozando un corazón con un perro al lado o como una cabeza de la que emanan serpientes. Minerva y Saturno querían proteger el Arte y la Ciencia de ella. Unamuno, Azorín y Machado la señalaron como el pecado nacional de los españoles, aunque en realidad no hay ser humano que se libre de ella, todos la sentimos alguna vez. El problema surge cuando se convierte en obsesión persecutoria y el envidioso no puede dejar de serlo, siempre va a necesitar alguien a quien importunar sea con calumnias, mentiras o persecuciones de cualquier tipo, porque, como el alcohólico, no es consciente de su problema y ante sus carencias internas siempre está al acecho a ver qué tienen los demás y él no. Suele estar cerca de la víctima, amigos, familiares, vecinos, compañeros de trabajo y pareja, lugares desde donde el envidioso camuflado ve de cerca los valores, éxitos o prosperidad del envidiado porque se suele centrar en bienes inmateriales, alegría, estima, proyección social, etc.

El envidioso se amarga, sufre mucho, le ofende el triunfo ajeno, se ve inferior y fracasado en algún aspecto de su vida. No es que carezca de algo es que quiere lo de otros precisamente por ser de otros y empeña sus energías no para obtenerlo si no para que el otro lo pierda en la creencia de que eso le dará la mayor satisfacción, piensa que los demás gozan de más suerte o que no lo merecen. En psicoanálisis se habla de la “envidia masculina del poder sexual, emocional y procreador de las mujeres que alimenta el machismo. La envidia que sienten algunos hombres por la capacidad reproductiva de las mujeres se considera un motivo inconsciente para  denigrarlas”. En el maltratador psicológico, que para evadirse de su baja autoestima se ha creado una imagen idealizada de superioridad, la reacción es atacar con psicoterror a la víctima para anular en ella los atributos, cualidades y capacidades que le muestran de frente su sentimiento de inferioridad. Y, es que la envidia es muy mala consejera.

Imagen vista en: www.clicpsicologos.com

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A Vuela Pluma

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