Historia de un sueño
Hubo un día que soñé que volaba; que volaba y volaba, y no dejaba de volar... Y ocurría que, en tu ausencia, te perseguía, y te perseguía porque no quería que te fueses. No quería quedarme sin ti. Porque tu presencia a mi lado me hacía mucho bien. Yo te necesitaba y suponía que tú también a mi…
Pero por mucho que volaba -¡y mira que lo intentaba!-, más te alejabas tú, como huyendo a toda prisa; no sé si tratando de romper decididamente con el pasado o porque en realidad nunca quisiste amarrar nuestro amor; un amor que tal vez imaginaste feliz y único, pero que quizá viste imposible. No conseguía darte alcance ni aun cuando el sueño más avanzaba hacia su final y yo más de prisa pedaleaba. Porque en el sueño –no sé si te lo he dicho-, yo iba comandando una bicicleta que, aunque ágil y ligera de equipaje, no conseguía acercarme lo suficiente a ti como para que me escuchases. Y es que en el sueño se producía un incesante ruido y confusión de voces en el camino por el tráfico constante de idas y venidas de gentes, pensamientos y sentimientos, no precisamente silenciosos estos últimos. Y, aunque tú también te movías en bicicleta, quizás el deseo inexorable de huida que te habías marcado, te hacía pedalear con mucho mayor ímpetu. ¿Sería quizá demasiado egoísta por mi parte el querer que permanecieses junto a mí?. Pero pronto lo desechaba, porque yo sabía también de tu amor hacia mí. De ahí mi interés en conocer de tus propios labios el motivo de tu huida tan precipitada y tan sólo con un “gracias” y “ha sido bonito”… Y de pronto, advierto cómo el paisaje del sueño comienza a hacerse borroso por momentos y que te pierdo en el horizonte… A continuación, el sueño se interrumpe bruscamente y mi mente pasa a negro. Al despertarme, tras una primera impresión un tanto desagradable y llena de zozobra, siento cómo en realidad tú duermes plácidamente junto a mí. En el paisaje exterior que se adivina tras la ventana, el pico Almonga, verdadero emblema de la localidad palentina de Cervera de Pisuerga, comenzaba a recibir los primeros rayos de sol de la mañana. Te abracé con inusitada fuerza durante muchos minutos. Y me quedé con la intriga de conocer cuál pudiera ser el tema o el motivo que dominaba tus sueños en aquellos momentos…
¿Sería también el mismo por el que yo había transitado?.
SOBRE ESTA BITÁCORA
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Soñé que volaba montado en bicicleta y te perseguía a pedaladas en un sprint interminable sin conseguir alcanzarte, mientras los ánimos y gritos del público animaban la carrera. Imposible alcanzarte en esa meta sin fin y sin pancarta, propiciada por pesadillas de almohada, desvanecidas bruscamente al despertar, y ser feliz al verte dormida en mi regazo, con el pico Almonga tras la ventana.
ResponderEliminarPues así fue, Alfonso, tal y como lo narras. Eso sí, con las oportunas licencias al respecto, léase con un cierto grado de inventiva para aderezar el relato. Saludos.
EliminarY claro, agradecido por tus palabras.
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