100 DOSIS DE AMOR [38] [SAWABONA]

En muchas ocasiones me he preguntado, si por algún extraño efluvio a mí se me hubiera negado el derecho a ser feliz, y un día, no hace mucho, encontré en una tiendecita un cartel que rezaba: "Atención, la felicidad existe". Me lo compré encantadísima, como si fuera un seguro a todo riesgo, y con esa misma ilusión lo coloqué una mañana en mi despacho; ese mismo día, no creo que lo olvide jamás, recibí la primera cuenta de un rosario de desgracias que me abatieron, y he llegado a la armónica conclusión de añadir a mi cartel reivindicativo que sí, que la felicidad existe, pero que se vende muy cara. Es posible que con el amor ocurra igual."

Deseo


Si sólo el amor permite al goce condescender al deseo es porque se acepta esperar


Deseo y espera van unidos. Condescender al deseo es posible si no se satisface de inmediato lo que se desea.


Deseo y espera van unidos_El_Psicólogo
Fernando Martín Adúriz
Psicólogo



Es prioritario entender que el deseo no se fija a objeto alguno. Se sostiene en relación a una propia fantasía, a la más inercial y repetitiva, al modo constante de recrear el mundo. Si se desconoce la lógica de este mecanismo, se culpará a los objetos, a los otros, a las tentaciones y a los tentadores.



Sin embargo, para salir del desamparo, el sujeto construye con los demás no sólo relaciones de prestancia sino que se ve como sujeto hablante, como deseante. Parte como tal de su propia fantasía, parte del modo fantasmático de situar los deseos. Un modo inercial, repetido, singular e íntimo, ignoto para el propio sujeto. El mundo de un sujeto es el de su fantasía fantasmática. Es lo que interesa que cuente, y suelte.

En realidad, la operación deseante permite mantenerse a flote en la vida. Pero tener deseos, estar motivados, desear viajar (leer, comer, hablar, trabajar, estudiar), desear saber y desear vivir, implica saber diferenciar las ganas (conscientes), de los deseos (inconscientes).

Por ello la pregunta es ¿quieres lo que deseas? De ese modo, a posteriori, una vez captado lo que se desea, y si es acorde a ley, ético, ir a conseguirlo. El mero hecho de desear (incluso lo inconfesable) vivifica, mientras que, simbólicamente, la muerte es la desaparición del deseo.

Por otro lado, nadie nace con deseos puros, sino que el deseo es contagioso, el deseo es el deseo del Otro, cual vaso comunicante, razón por la cual nos acercamos a personas repletas de deseos y nos alejamos (cuando podemos) de quienes matan nuestro deseo.

Dice la escritora Anne Carson que la imaginación es el núcleo del deseo. Añadamos: el cogollo del deseo es el deseo sexual, auténtico termómetro de nuestra posición deseante. Cuando se pierde ese específico deseo, la posición deseante general flaquea.

Finalmente, el lazo social se teje si hay deseo de deseo.

Actualización feb2026 | 💥+478 👀

Fernando Martín Aduriz



Vecinos ilustrados

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