Edén en Puente la Reina
Puente convergencia de caminos. Esta próspera localidad navarra, centro de actividades agrícolas situada a orillas del río Arga y distante 24 kilómetros de Pamplona, debe su nombre al magnífico puente construido en el siglo XI por doña Mayor de Navarra, esposa del rey Sancho el Mayor, para facilitar a los peregrinos el paso del río.
Puente, Templo del Crucifijo y Templo de Santiago el Mayor
Puente la Reina | Navarra
Fue la Ponte de Arga de 1085, la posterior Ponte Regina o Ponte Regina, Pont la Reyna y la actual Puente la Reina/Garés.
Realizado en piedra y ubicado a la salida de la antigua villa, es quizá el más bonito y famoso de todos los que jalonan la ruta jacobea. Tiene una plataforma de 110 metros de longitud y 4 de anchura, soportado por siete arcos, el central más apuntado para conformar el “lomo de asno” con 20 metros de anchura que se apean sobre cinco pilares, seis ojos de medio punto entre los estribos atravesados por pequeños arquillos.
Conserva una puerta que comunicaba con el núcleo urbano para pago de la alcabala. Perdí la cuenta de las veces que, en mi vida mortal, me hizo atravesarla mi mascota humana.
Antiguamente existía en medio de su estructura una capilla destinada a la veneración de la Virgen del Txori que dio lugar a la preciosa leyenda del pajarillo (txori, en euskera) que cada mañana bajaba al río y mojaba su pico y alas para lavar la cara de la imagen manteniéndola desprovista de suciedad y telarañas, hasta que en 1843 se hundió la capilla durante unas obras de ensanchamiento del puente y se desplazó la imagen al templo de San Pedro, siendo reconstruida la actual en los años 50 del siglo XIX.
El templo del Crucifijo, de posible origen templario, que tras la expulsión de los caballeros de esta orden en 1312, quedó vinculada a la Orden de Jerusalén, cuyos miembros eran conocidos también como “hospitalarios” y posteriormente dieron lugar a la Orden de Malta, fundando en el siglo XV, junto a este templo, un convento y un hospital para peregrinos. Su portada se abre en el penúltimo tramo del lado Sur bajo pórtico reconstruido. Presenta cuatro arquivoltas de molduras y perfil apuntado que apoyan en tres pares de columnillas acodilladas mostrando decoración en sus molduras de acantos y piñas, roleos, animales y en sus capiteles aves con leones y entrelazos.
Tiene dos naves, una románica y otra gótica que desembocan en ábside semicircular que en el caso del ábside románico está ocupado por la Virgen de Urdánoz, sedente del siglo XII.
que de gran veneración, acabó perdiendo protagonismo frente al magnífico Cristo crucificado renano del siglo XIV que ocupa el ábside de la nave gótica.
El templo de Santiago el Mayor, es de originaria construcción románica del siglo XII de cuyos orígenes solo puede apreciarse la espléndida portada del lado de la Espístola con arco ojival polibulado que os recordará a los que vimos en Cirauqui y en San Pedro de Rúa de Estella.
Esta portada meridional consta de cinco arquivoltas decoradas que descansan en cinco pares de columnas. En las enjutas, dos relieves: a la izquierda, guerrero matando a un león rapante; el de la derecha, figuras vestidas con talares.
En los capiteles, un glutón devorando la columna, escenas de la infancia de Jesús, de la Creación, Adán y Eva, Caín y Abel…
La portada occidental más simple y de cuatro arquivoltas sobre jambas y columnillas con capiteles de hojas.
La reforma realizada en el siglo XVI levantó una nuevo templo en planta de cruz latina, cubierta por bóvedas de crucería estrellada.
En su interior, la imagen del apóstol titular y otras figuras de relieve.
Sobresale el retablo del altar mayor que en el siglo XVIII se dedicara a Santiago.
¡ A seguir peregrinando por este camino de espinas!
SOBRE ESTA BITÁCORA
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Recuerdo Puente la Reina en vuestra compañía. Una maravilla
ResponderEliminarGracias, Anónimo. Seguro que irias a la sidrería
ResponderEliminarUn placer la exposición de un lugar tan emblemático
ResponderEliminar¡Guauuuu, Rosi, me alegra que te guste la exposición de este lugar que tanto conoces! Lametones
ResponderEliminarCon el fin de contribuir a despejar la admiración que despierta el Crucifijo renano en forma de "pata de oca" del templo mencionado, sugiero la lectura de este enlace:
ResponderEliminarLa oca en la simbología zoomórfica
Excelente, Mongui. Se entiende así que no perdones ni la carne.
ResponderEliminarHoy Mongui en su Gran Guía Templos Románicos se detiene en Puente la Reina. He pasado por Puente la Reina haciendo el Camino de Santiago y haciendo turismo, éste para valorar mejor su patrimonio. Solo he pernoctado una vez, y como peregrino. Pero tiene tanto turismo y bullicio que no lo disfruté como peregrino. Es verdad que el albergue de los padres reparadores tiene gancho y el caminante se pega por coger sitio. Pero yo os contaré mi recuerdo de cuando recorrí la Rua desde el albergue hasta el puente. Disfrutando más cuando se realiza andando que en bicicleta. Has pasado viniendo por la iglesia de Santa Maria de Eunate, donde has parado tu tiempo para verla con detenimiento y aprovechar para descansar. Cruzas Obanos, que se hace largo porque deseas llegar a Puente la Reina, y entras en la villa por el albergue de los padres y enfilas la calle del Crucifijo. Y nada más entrar, zás, te topas con la portada de la iglesia, que no voy a describir pues ya lo ha hecho Mongui y bien, con detalles de imágenes (Por cierto, su crucifijo gótico te sorprende). Sigues la calle del crucifijo, y casi nada más cruzar la carretera nacional, ya como Rúa Mayor, te encuentras con la iglesia de Santiago y otra portada románica, para finalmente cruzar el arco y encontrarte en el famoso puente que da nombre a la villa. Para no dormir en Puente la Reina, generalmente hemos hecho el esfuerzo de llegar a Cirauqui a dormir en el interesante albergue Casa Maralotx, aunque la última subida para llegar a la iglesia y albergue es matadora y más con la paliza que se lleva encima. Poco he comentado del románico, lo ha hecho magistralmente Mongui. Yo, he sido tentado por unos recuerdos que ya me serán difícil de revivir.
ResponderEliminarY, además, magnificamente, Antonio. Un preciso y precioso reportaje que completa el pálpito del amante del románico y lo acerca a su visita o reaviva sus sentimientos vividos. Gracias
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