Ellos, en las tres ocasiones, iban al arte, yo en búsqueda del “eslabón perdido” de Anoll como al final intentaré explicarlo a mi manera.
Se afincan en el lugar y al amparo de las donaciones preferenciales de
Alfonso II, rey de Aragón y Cataluña e hijo de
Ramón Berenguer, la nobleza catalana se deshace en favores constituyéndose en el mayor y esplendoroso
panteón real con doble monumento funerario, entre el crucero y brazos del transepto, de nuestro arte. Accedemos a él a través de explanada con jardines que rompen una muralla para conservar tanto la seguridad de los monjes como a los restos mortales de los reyes que alberga.
El claustro al norte.
De sus pandas, solo una es románica, las otras góticas.
Es en la norte donde radica el lavatorio, por estar próximo al comedor o refectorio. Consta de dos tazas que dejan salir el agua mediante treinta y un chorros. Se protege con
templete hexagonal y
bóveda de seis nervios.
Sarcófagos de la nobleza donataria y benefactora en las paredes del claustro.
Desde la panda oeste del claustro, entras en la Sala de los conversos, refectorio, cilla y dormitorios.
Impresionante cocina con clave de bóveda.
A su lado el comedor de los monjes con ventanales rasgados para su iluminación.
Junto a ella, el lugar más cálido: el calefactorio para calentarse y abrigarse del frío y barbería ocasional.
Amplísima e iluminada por tres ventanales románicos la Sala Capitular, el epicentro de las decisiones de la Comunidad.
Scriptorium y Biblioteca.
Dormitorio de monjes y escalera de maitines para acudir al rezo a primera hora de la hora de la madrugada.
Pero, como os prevenía desde el comienzo de esta entrada, yo iba husmeando otra cosa.
En la girola del ábside, obtuvimos la prueba de al menos once sillares con la marca Anoll.
Tirando de memoria, recordaréis que, cuando estalla la burbuja económica en el templo de Santiago de Agüero, ese taller buscó y encontró trabajo en Poblet que trabajaba su iglesia en 1166. Allí se llevaron aparejos y materiales, lo que demostraría que la inscripción “ Anoll” no es la firma de un maestro, sino de un “made in” de la cantera de procedencia de una donación de sillares por el clavero del monasterio de San Juan de la Peña, tal y como tenemos informado en nuestro trabajo que os pongo por enlace final. Y ello, no es una cuestión baladí, sino que ayuda a corregir interpretaciones y a resituar la fecha y datación de construcción del templo oscense de Santiago de Agüero.
Para más y mejor información:
Impresionante,Mongui!Un lugar cuidado,para asombrarse y disfrutar de su arquitectura .Un tesoro.
ResponderEliminarGracias,doggie.💚