100 DOSIS DE AMOR [38] [SAWABONA]

En muchas ocasiones me he preguntado, si por algún extraño efluvio a mí se me hubiera negado el derecho a ser feliz, y un día, no hace mucho, encontré en una tiendecita un cartel que rezaba: "Atención, la felicidad existe". Me lo compré encantadísima, como si fuera un seguro a todo riesgo, y con esa misma ilusión lo coloqué una mañana en mi despacho; ese mismo día, no creo que lo olvide jamás, recibí la primera cuenta de un rosario de desgracias que me abatieron, y he llegado a la armónica conclusión de añadir a mi cartel reivindicativo que sí, que la felicidad existe, pero que se vende muy cara. Es posible que con el amor ocurra igual."

Pasajeros a Indias, 1503 - 1790 (VIII)

"Es saludable consejo que antes que se embarque haga alguna ropa de vestir que sea recia y aforrada, más provechosa que vistosa, con que sin lástima se pueda asentar en crujía, echar en las ballesteras, arrimarse en popa, salir a tierra, defenderse del calor, ampararse del agua y aun para tener para la noche por cama; porque las vestiduras en galera más han de ser para abrigar que no para honrar. Es saludable consejo que el curioso o delicado pasajero se provea de algún colchoncillo terciado, de una sábana doblada, de una manta pequeña y no más de una almohada; que pensar nadie de llevar a la galera cama grande y entera sería dar a unos que mofar y a otros que reír, porque de día no hay a donde la guardar y mucho menos de noche donde la tender." [30]




Pasajeros a Indias (VIII) un trabajo serio, que recuerda las penalidades y las historias de quienes se embarcaron para América

José María González-Cotera Guerra
Marzo, 2005


CAPÍTULO VIII
El matalotaje

Con este nombre se conocía los aprovisionamientos necesarios para la travesía, consistentes en alimentos y vino, amén de las cajas y cacharros para su almacenamiento y condimentación. Además, los bastimentos, como ropa de cama y de abrigo y en caso de doctores, licenciados y religiosos, los libros. Todo lo necesario excepto el agua que era proporcionada por el contramaestre. El viajero tenía que proveerse de todo el matalotaje que necesitase para él, su familia y sus criados. Por real disposición de 1607, se prohibía que los pasajeros concertasen con los maestres de raciones o con los demás o ficiales la adquisición de cualquier tipo de matalotaje. Con ello se pretendía asegurar que no faltasen para la tripulación, marinería y soldados a bordo. 

Los proveedores de Sevilla entregaban a los maestres de raciones lo necesario para el viaje, libre de almojarifazgo, y éstos debían devolver el sobrante al regreso, dando cuentas de lo consumido. En cuanto al vino, en 1608 se autorizó a vender el sobrante en Cartagena o Veracruz. Lo que llevaban para abastecerse durante la travesía, hasta Canarias, donde volvían a adquirir los bastimentos para el resto del viaje, se conoce por las listas, que se conservan en el Archivo General de Indias, de los abastos y pertrechos para la marinería y soldados de las armadas. En estas listas se refl ejan las raciones diarias y los precios de adquisición. Las provisiones lo componían generalmente galleta, vino, cerdo y pescado salado, vaca en forma de cecina, habas, guisantes y arroz. [25] 

También llevaban queso, aceite, vinagre, ajos y agua en toneles. Consumían también carne fresca. Para ello llevaban vacas, cerdos, corderos y gallinas, que eran embarcados en Sevilla o Sanlúcar. [26]  Eran mantenidos en corrales, que hay que imaginar tan reducidos como los propios barcos. A este transporte de reses se debe la rápida introducción en Indias de animales domésticos que no existían antes del Descubrimiento. Según Chaunu [27] en sólo el período que va de 1536 a 1620, en México central los rebaños bovinos pasaron de 15.000 cabezas a un millón y los ovinos y caprinos de medio millón a ocho millones. En cuanto a precios, el bizcocho o galleta, costaba 22 reales el quintal del ordinario y 36 del blanco, reservado para el general y el almirante. El vino costaba 250 maravedís la arroba y la ración era de media azumbre diaria (un poco más de un litro). Estos precios corresponden a 1563. No podemos extendernos en más datos. 

Para el que quiera completar la visión de cómo se abastecían los navíos del siglo XVI, Clerence H. Haring [28] ha relacionado los precios en tres fechas distintas, 1519, 1563 y 1568, correspondientes a las listas de la expedición de Magallanes, la armada de Pedro de las Roelas y los precios de la lista que presentó el Marqués de Santa Cruz para la Armada Invencible. El incremento de precios entre la primera y la segunda fecha es muy grande, del orden de un 300%, mientras que se mantienen los precios entre las dos últimas fechas, e incluso algunos artículos bajan un poco. Se echa en falta la sal, aunque las carnes fueran saladas, y otras bebidas que no fueran el agua y el vino. Hamilton estudió las dietas que recibían los marineros entre 1542 y 1642, obteniendo un valor medio de 3.638 calorías diarias, y señala la carencia en las citadas listas de frutas y verduras, que sin embargo abundaban en Andalucía. No debían ser muy a cionados a ellas, aunque fueran tan necesarias para combatir el escorbuto. [29] En el siglo XVII se generalizó el consumo de limones, como remedio más idóneo. 

El matalotaje incluía además de los víveres, los cacharos, ollas, vasijas, sartenes, cántaros y demás recipientes necesarios para guardar y cocinar los alimentos. Incluía también la ropa de dormir, mantas, sábanas y colchones. Éstos solían ser ligeros, colchonetas, o simples jergones. 
Entre otros saludables consejos, Guevara, recomienda en primer lugar ponerse en paz con Dios y pagar las deudas.

___________

[25] Ibidem. p. 62. 
[26] Earl J. Hamilton. Op. Cit., vol. 37, p. 441. En José Luis Martínez. op. cit. p. 62. 
[27] Pierre Chaunu. Séville et l' Atlantique (1504-1650). Institut de Haute Études de l'Amérique Latine. París. 1959, t. VIII, 1, Structures, p. 720, cuadro C. En José Luis Martínez. op. cit. p. 61. 
[28] Haring, Clerence H. Op. cit. En José Luis Martínez. op. cit. pp. 63-67.
[29] Earl J. Hamilton. op. cit. pp 434 y 437. En José Luis Martínez. op. cit. p. 67. 
[30] Fray Antonio de Guevara, cap x,  "De las cosas que el mareante se ha de proveer para entrar en la galera". Libro de los inventores del arte del marear y de muchos trabajos que se pasan en las galeras. Valladolid 1538. Prólogo y selección de Martín de Riquer, Luis Miracle, editor. Barcelona, 1943, pp. 121. En José Luis Martínez. op. cit. p. 68 y 69 y Apéndice I, p. 248.

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