100 DOSIS DE AMOR [38] [SAWABONA]

En muchas ocasiones me he preguntado, si por algún extraño efluvio a mí se me hubiera negado el derecho a ser feliz, y un día, no hace mucho, encontré en una tiendecita un cartel que rezaba: "Atención, la felicidad existe". Me lo compré encantadísima, como si fuera un seguro a todo riesgo, y con esa misma ilusión lo coloqué una mañana en mi despacho; ese mismo día, no creo que lo olvide jamás, recibí la primera cuenta de un rosario de desgracias que me abatieron, y he llegado a la armónica conclusión de añadir a mi cartel reivindicativo que sí, que la felicidad existe, pero que se vende muy cara. Es posible que con el amor ocurra igual."

Mi dios de las pequeñas cosas I

  • Son los únicos objetos que conozco a los que la edad no castiga con el rancio olor a viejo. Sabia Naturaleza, o Providencia, o como quieran ustedes llamarlo.

Sabia Naturaleza, o Providencia, o como quieran ustedes llamarlo

Algunos de los libros de las estanterías de casa huelen a vainilla, como las librerías de viejo. Son los que conservo desde hace más tiempo, los que han mudado de color. Son mis libros amarillos, los libros a los que regreso de vez en cuando, a los que soy fiel a pesar de los años, de los suyos y de los míos; libros con los que empecé a amar la lectura y que me acompañan desde entonces en este viaje alucinante que es el conocimiento. Ahora son amigos y forman parte de mi vida. Son mis amigos melancólicos.

Hojeo sus páginas con la delicadeza y la ternura que merecen los objetos que amamos, procurando que ninguna de las más hermosas palabras que atesoran se desprendan de sus páginas y emprendan vuelo como las bandadas de estorninos al atardecer en las cálidas tardes de verano. Regreso a ellos los días de lluvia amarilla, cuando la realidad, a veces tan cruda, se las arregla para hacerme un nudo en el pecho, justo encima del corazón, y la nostalgia pide a gritos la presencia de un amigo fiel en el que encuentro compañía y sabias palabras. Transito por sus páginas con la seguridad de que sus líneas son mi casa, parte de mis raíces y el lugar donde todo empezó y me gustaría que terminara.

Cierro los ojos delante de las estanterías y aspiro profundamente el aroma a vainilla que emana de la lignina descompuesta del papel después almacenado durante mucho tiempo. Son los únicos objetos que conozco a los que la edad no castiga con el rancio olor a viejo. Sabia Naturaleza, o Providencia, o como quieran ustedes llamarlo. En ellos habitan Ahab y su obsesión por Moby Dick, David Copperfield y Mr Micawer, el taimado y amargado Mr Scrooge, el Capitán Nemo y su Nautilus, Jane Eyre y su tristeza y fortaleza, los poemas de Campos de Castilla, la poesía de mis amados León Felipe y Antonio Gamoneda, Aureliano Buendía y su soledad…

Libros amigos que han ido ampliando mi visión del mundo y me han hecho comprender a veces hasta lo incomprensible. ¡Y ahora huelen tan bien!...

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Mi dios de las pequeñas cosas

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