Ramiro de Maeztu [Vitoria, 4 de mayo de 1874-Aravaca, 29 de octubre de 1936]
📘 curioson | De cien en cien

● “Me ha ocurrido que cuando la alabanza inglesa absorbía mi personalidad, alejándome de los vínculos espirituales que me ligan a la patria, he abandonado Londres más que de prisa, para ir a España ¡No, no!; ¡antes que nada, soy español!”

Sobre España y los españoles | +2.585👀



Estebita, Dios ceguezuelo

Estebita, Dios ceguezuelo_Certamen-Internacional-Cuentos-Guardo

 

Aunque nuestra revista publicó en su momento varios relatos premiados en este importante certamen que dirige en Guardo mi amigo Jaime García Reyero, este mes presentamos el que se alzó con el premio en 2004, cita a la que acudí como pregonero literario.




Vicente Monzón Ambou


Voluptueux de tous les âges et de tous les sexes (...): n’ecoutez ces
Dèlicieuses; leur organe est le seul qui doive vous conduire au bonheur.
MARQUES DE SADE (La Philosophie dans le boudoir)


“¡Bendita alta hospitalaria, milagros del cuero humano!” No pude menos que pensar, que sentir –no sin un poquitín de bochorno -, en medio de esa gran batalla del amor sexual. Ése que vuelve a una, capricho otra vez. Esa gran liza en que los almizcles de mi sexo de mujer excitada se mezclaban a sus mugidos de varón en celo, que resonaban en mis pezones tensos, que rebotaban en el brillo de sus ojos mustios, que chocaban con mis labios secos de lujuria que mordisqueaban su bajo vientre, que hacía olas frenéticas sobre mi vulva que se travestía en mi ano claudicante, que lombriceaba su lengua que enroscaba la mía que lamía su miembro, que buceaba y rebuceaba en mi vagina mucho, mucho que todo lo irrigaba, que todo lo iluminaba, que todo lo inundaba... que todo lo absolutizaba... que Todo.

Era increíble que un convaleciente resistiera y deseara semejantes decatlones de sexo. Al principio eran noches de cinco, siete, diez horas. Después fueron bajando al deleitoso rating normal, civil, humano. Así como enderezaba Él la salud y cobraba colores, así iban entibiándose la erotomanía: arcanos de la psiquis, de los designios de Dios. “Usted obsérvelo, pero mientras se le note mejoría...”, me decía el neurólogo que lo atendió, perplejo también y con cara de habrá-que-averiguar-eso (cara de bobo) ante la actitud sexualizante de Él, “pero como el golpe en la cabeza fue de tal magnitud...”, y seguía blablantineando, enredándose en tecnicismos médicos y yo –creos, yo-piensos, acerca de sus fracturas de fémur y costillas, de sus abolladuras en cerebelo, médula y ganglios parasimpáticos. “Pero la amnesia que padece es colateral, aunque normal. Es un mecanismo de defensa del sistema nervioso, como cuando una subida de voltaje se lleva los fusibles de la luz, je, je... Puede durar un día, un mes, o...”

Había sido mi esposo y es el padre de las niñas. Y en esta hora desgraciada me había tocado a mí hacerme cargo nuevamente. Había estado inconsciente tres días y después, ay, partía el alma verlo, el semblante gris, el cuerpo adolorido, rengueando pesadamente, trémulos de movimientos parkinsonianos. “ Quién tú eras, quién soy, qué casa es esta, en qué año estamos, qué me pasó que estoy tan descojonad... ayy?”, y su dolor que era mi dolor. No podía evitar las lágrimas cuando lo veía retorcerse, cuando lo veía hecho el guiñapo que nunca fue. Yo respondía a todas sus preguntas salvo a una. “Hay que ayudarlo a que recobre la memoria parcialmente, hay que responder a todas sus preguntas salvo a una: La causa primera de su accidente: es una teoría de unos fisiólogos rusos, los doctores Kanshimov y Otniev, eruditos en problemas de amnesia” Yo respondía a todas sus preguntas, yo le ayudé con toda mi alma. “¿Dices que te llamas Teresa, Teresa Rodríguez Calcuta? ¿Qué fuiste mis esposa?, ¿y cómo fue que te abandoné...con lo buena que estás? Ven, ven de nuevo: si he de estar en cama el mayor tiempo posible, que sea bien acompañado...ay, mi pierna”. Y volvían sus ataques lujuriosos, ternísimos... como en los primeros tiempos, en que nuestro amor cobraba los altos vuelos de la pasión y el porno entre dos.

La culpa y mi desgracia tenían un solo nombre: Estebita. El hijo de Milene, mi mejor amiga. Milene, amiga de siempre, amiga desde la infancia. Amistad delicada, respetuosa, cariñosa. Mujer bella en alma y cuerpo, “ingrávida y gentil” en su humanidad. Pero que –oh, arcanos de la psiquis, de los designios de Dios- era capaz de haber engendrado una criatura como Estebita, bien merecedora de un apunte enciclopédico:

ESTEBITA: ser humano de ocho años, del sexo masculino, único en su tipo, con cara de Principito (se Saint Exupéry), pero en versión luciferina; repleto de delitos familiares, comunales y escolares, como los de sacar el aire a las cuatro gomas de autos de la cuadra donde vive, romper televisores, incinerar libros y libretas de compañeritos de aula, pegarle a su abuelita, etc.; así como otros sabidos y por saber. Su nombre de pila es el de Esteban, pero, en lugar de llamársele Estebanillo, Estebanito o Estebín, algún sentido particular del uso del chiqueo caribeño y/ o del ritmo vocálico antillano, lo deja así en Estebita. Estebita. Así...: sonando a maldición.

Las niñas estaban creciendo y Él se había decidido a construirles su cuarto en el patio trasero de mi casa. Se había hecho cargo de buscar los materiales, buscándolos por aquí y por allá, todo de su bolsillo. Con sus propias manos había levantado las paredes y comenzando el encofrado para fundir la placa del techo. Dando los últimos toques a la carpintería estaba Él, subido al andamio, el día fatídico. Había yo invitado a Milene a almorzar a la casa (y llevado ella al pequeño engendro). “Estebitaaa..., llégate”, lo había procurado Él en demanda de ayuda. Y fue entonces que yo, sin poderes adivinatorios, la intuición dormida y el sentido común apagado; sin tomar en cuenta para nada mi profunda convicción de que no las habíamos con un niño esencialmente zurdo, es decir, siniestro, abrí mi boca:

- Sí, Papito, corre, ve a que le eches una mano. Anda, lleva contigo este martillito.

Estebita le sirvió de ayudante, situado en el saliente superior de uno de los aleros, encima de Él, con el cajón de las herramientas. Estebita, el serrucho; Estebita, la escuedra; Estebita, la patacabra; Estebita, más puntillas, Estebita, dame los alambres... Todo al ritmo movido de su energía envidiable para un constructor aficionado. Y Estebita, vaya: toma el serrucho, y la patacabra, las puntillas, los alambres... ¡toma “toas” las herramientas! Y en el estruendo de metales con maderas, desgarrándose, crujiendo, entreverados con el aullido del ahogado, gutural, dolorido Él y el golpe sordo del cuerpo de Él en el piso de cemento, tras caída libre de tres metros. Después, el gran alboroto, los vecinos y amigos oportunos en la asistencia; el corre-corre de buscar un carro, de salir a todo claxon rumbo a un cuerpo de guardia; las crisis expansivas, el pánico, la histeria...; el ataque frontal a la amiga del alma, exponiéndole a gritos, de pe a pa, todas las malas ideas acumuladas en contra del bellaco Estebita, el asesino Estebita... el malnacido Estebita; el juramento de que jamás el engendro satánico volvería a pisar mi casa. Entonces, el Cisma, el Odio Desconocido: donde no entra mi hijo tampoco entro yo, vámonos Estebita, hasta hoy no supe que estábamos de más.

Milene nunca había entendido que yo le siguiese queriendo a Él. Él me había abandonado, por una primero, por varias después, por todas finalmente. Ella no soportaba que siguiera viendo en Él a mi ideal masculino, al Hombre por antonomasia. No soportaba mi inferioridad, mi docilidad ante el padre de las niñas que, cuando venía a verlas, ni intentaba seducirme. Milene me quería sinceramente. Extrañé mucho a Milene todo el tiempo en que hice de enfermera de Él. Fui a verla y me disculpé, casi de rodillas. Me perdonó. “Ay, Teresa, yo no sé si es que tú eres romántica o boba. Mira como te desvives por atenderlo, y en cambio las queridas... deja, deja que se recupere: verás como sigues sobrando. Ay, Milene, ¿Qué podía ella saber de la idea sublime de saberlo bueno y sano, de amarlo sin pedir nada a cambio, de vivir en el eterno favor a Quien me dio tiempos tan felices antes y poco después de nacer las niñas?

Su recuperación fue rápida. “Tan sólo le queda una cojera leve de la pierna derecha, que es como nada; es increíble lo rápido que se ha restablecido”, dijo el médico, sin poder aquilatar la madre verdadera que fui para Él; el hijo necesitado, inerme que fue Él para mí, vuelto a parir por mí, Su memoria fue volviendo en la misma medida en que su organismo se fue enderezando. Su memoria cristalizó completamente, reinstalándose en ella el archivo anterior: Yo, las niñas, Él, el país en que vivía, los amigos, su trabajo, las calles, las amantes (ay, el muy pícaro salió un par de veces a hacer de las Suyas), nuestra separación..., solamente una cosa había logrado escapar de su inventario: Estebita. “Teresa Rodríguez Calcuta, gracias por atenderme”, fue su manera de cortesía, aparentemente fría, de darme las gracias. No importaba. Me sentía más que pagada con haberlo atendido, con haber vuelto a la vida.

Él decidió otorgarse a sí mismo la Corona Cívica de la Salud: “Seguiré en la obra del cuarto de las niñas”. Y sí, la continuación de la misma fue el día consagratorio. Hubo amigos, hubo cervezas y hubo pizzas en el ajetreo albañilístico... y hubo completa reconciliación: Milene volvía, como el día fatídico, con el impar Estebita. Y otra vez: Estebitaaa... llégate”, la llamada del post amnésico al inigualable niño, pero que esta vez me miró con su cara de Principito, en demanda de permiso para...

- Sí, Papito, corre, ve a que le eches una mano. Y lleva contigo ahora esta mandarria...
Y Estebita, cual querubín alado, que vuelve a posarse sobre el mismo saliente superior del alero, Estebita que tiene ante sí el pesado cajón de las herramientas, justo encima de Él...
...y el estruendo de metales con maderas... el aullido ahogado...salir otra vez a todo claxon rumbo a un cuerpo de guardia.

“¡Bendita alta hospitalaria, otra vez el milagro del cuerpo humano!”. No puedo menos que pensar ahora, que sentirlo, otra vez, en medio de las grandes batallas del amor sexual, ése que vuelve a una, caprichoso otra vez....” 

Actualización febrero2026 | 💥+422👀

CUENTO
La Habana, julio, 2.002
Vicente Monzón Ambou (Natural y residente en La Habana- CUBA)
@Revista literaria Pernía, Nueva Época, 2004. Edita y dirige, Froilán de Lózar


SOBRE ESTA BITÁCORA

Author image

Esta bitácora nace en noviembre de 2008 con el ánimo de divulgar historias curiosas y entretenidas. Son 19 años acudiendo diariamente a la llamada de amigos que vienen de todo el mundo. Con +9.412.500 visitas, un mapa del románico abierto a finales de 2023 que ya ha recibido +1.408.500 consultas y +6.100 artículos en nuestra hemeroteca, iniciamos una nueva andadura. Comparta, Comente, síganos por nuestros canales de Facebook y Wasap. Y disfrute. ¡Es gratis!

🔻 El Balcón derruido de La Ojeda
📒Marta Redondo | Periodista | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒 Una de las personas que actualmente está luchando para que nadie se olvide de la construcción románica es otro hijo de la tierra de la Ojeda, Amando Vega. Desde hace tiempo viene investigando el abandono, «creo que fue a finales de los años sesenta, pero la iglesia en el año 1975 estaba en perfecto estado. En esa época no faltaron gamberros y ladrones oportunistas que forzaban sistemáticamente puertas y ventanas para ver que había». © curioson 👇

De la sección de la autora: Una Mirada al Pasado +1066👀



🔻 Antonio Robledo, barbero
📒 Alfonso Santamaría Diez | Castrojeriz (Burgos). Vive y escribe desde Palencia

📒 Antonio Robledo Gómez, es el último barbero-peluquero de la capital palentina que, a pesar de haber cumplido 79 años sigue al pie del cañón por apego a su oficio y a sus clientes: “No valgo para pedir, nunca he pedido nada, siempre he corrido con mi riesgo. Ahora mismo no trabajo por dinero, sino porque disfruto cortando el pelo y tengo contacto con la gente” © curioson 👇

De la sección del autor: Palencia en mis recuerdos | +1.301👀



🔻 Arthur Rimbaud, mito de la literatura moderna
📒 Beatriz Quintana Jato | Catedrática de Literatura

📒 Compuso a los diez años su primer poema, y dejó de escribir a los diecinueve, cuando se encontraba en la cumbre de su genio; pero antes, a los ocho años recién cumplidos, escribía en su cuadernillo de notas: “¡Diantre! Yo seré rentista. No tiene nada de agradable eso de gastar los pantalones sobre los bancos de la clase...” © curioson 👇

De la sección de la autora: Autores de Nuestra Historia | +818👀



🔻 Concentración de románico en Palencia II
📒 Cristina Párbole | Historiadora | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒La particular situación geográfica en la que se encuentra el norte de Palencia es una de las principales causas de la gran cantidad de iglesias románicas. Palencia es el nexo de unión entre la extensa y llana Tierra de Campos y la escarpada Cordillera Cantábrica. Su cercanía con el mar será también muy importante e influirá en la concentración de románico. © curioson 👇

De la sección de la autora: Románico curioso | +1.360👀



🔻 La Bella Dama de La Peña Redonda
📒 Eduardo Gutiérrez | Escritor y Fotógrafo nacido en Guardo | Escribe desde Palencia

📒Dibuja orgullosa su alargada sombra proyectando su perfil sobre el horizonte montañoso del norte palentino; un lugar de ensueño, jalonado con el legado patrimonial y cultural que la historia le ha otorgado. El templo, bendecido a la Virgen de la Asunción, ofrece en agradecimiento a estas tierras de gentes austeras, sobrias y trabajadoras, siempre hospitalarias, su más imponente imagen, acuñada en tiempos del tardorrománico rural palentino. © curioson 👇

De la sección del Autor: Dentro de mi mochila | +2.160👀



🔻 Calmar la ansiedad
📒 Fernando Martín Aduriz | Psicólogo | Alma del Ateneo de Palencia

📒El intento es siempre singular, pero hay usos colectivos. Se trata de burlar la espera tanto como apaciguar ese tormento interior que a tantas personas impide hacer vida normal (si es que existe tal cosa). © curioson 👇

De la sección del autor: Mejor no comprender | +484👀



📒 EN PORTADA | UNA RUTA CADA DÍA +646👀

El anillo de Picos

El Anillo Vindio, la menos exigente de las opciones del Anillo de Picos, recorre el Macizo Occidental o Cornión, por parajes espectaculares....