Pasión por el futbolín
Todavía, a pesar de los años que han pasado, me persigue a veces el sonido tan característico e inconfundible a un tiempo, de la bola del futbolín al chocar contra las paredes metálicas del mueble en cada uno de los lances del juego del mismo nombre.
El primer contacto que tuve con el futbolín, a punto de entrar ya en la adolescencia, fue durante el tiempo del internado en el Colegio a la edad de doce años. Y ya desde el principio, tras familiarizarme con el juego y observar los distintos lances del mismo, me gustó. Pasando a ser también entre el común de los chavales, después del fútbol, que era sin duda nuestro deporte preferido por antonomasia y que hacía que preparásemos un partido a cada momento; otro de los juegos al que dedicábamos mucho tiempo. Y es que en su práctica nos empeñábamos en cuerpo y alma siempre que teníamos un rato libre en nuestros recreos. Organizándose cada año en torno a él unos campeonatos entre nosotros, que gozaban de una gran aceptación y de una reñida competitividad; pues no en vano, llevábamos todo el año entrenándonos a ratos libres, siempre según nuestra particular manera de entender el juego. Con los años, y a base de jugar cada día, fuimos aprendiendo técnicas y habilidades que nos convertirían a un grupo de nosotros en auténticos campeones a nivel local entre el grupo de colegiales. Qué lástima que en aquel entonces no fuese posible salir de nuestro círculo tan cerrado cara a alguna competición exterior para poder demostrar nuestras habilidades y destrezas, que eran muchas, en este juego del futbolín. Y resulta curioso cómo la evocación del sonido de la bola del futbolín al chocar contra las paredes del mismo, me ha hecho regresar por algunos minutos hasta el cajón de los recuerdos, que cada uno guardará muy dentro de sí, aunque el tiempo transcurrido sea ya mucho en años.
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Parece que la invención de este juego está muy disputada por varios países. En España, aunque ya se jugaba a finales del siglo XIX, se habla de un futbolín cuyos muñecos tenían las piernas separadas, idea del gallego Alejandro Finisterre. La idea se patentó en 1937. Pero nos quedamos hoy con esta historia tuya, que de una forma u otra conocimos en nuestros respectivos pueblos. Gracias por compartir.
ResponderEliminarGracias, Froilán, por completar mi historia sobre esa pasión por el futbolín cuando chavales, con estos datos técnicos sobre la irrupción del futbolín en nuestras vidas. Saludos.
ResponderEliminarUn gran invento de un español el del futbolín, del que al igual que tú, José Javier, no he olvidado aquellos duelos cuando salíamos del instituto Alonso Berruguete y acudíamos a la sala de juegos que había en la antigua calle General Mola (hoy Mayor Antigua). Había que tener buenas muñecas, destreza, técnica y mucho entrenamiento en un juego que levantaba pasiones entre los “contrincantes” cuando la bola entraba por el hueco de la portería, un ruido inconfundible que elevaba la moral al conseguir un gol, o que te daba rabia cuando el gol lo metía el equipo contrario. Inconfundible el golpe de la bola con la madera del futbolín a ras de portería. Inconfundibles también el choque de la bola con las piernas de metal de un jugador. Meter un gol desde la defensa era mi especialidad, meter un gol tras driblar con temple la bola a los defensas era auténtica magia que no podía hacer cualquiera.
ResponderEliminarEn definitiva, es el futbolín un juego con sonidos propios e inconfundibles y sanas pasiones entre equipos rivales, y un buen entretenimiento para chavales y personas de cualquier edad, incluidas las mujeres.
Mucho he jugado de chaval al futbolín, para mí el juego más atractivo de una sala por jugar en equipo. Después de un montón de años sin jugar, volví a jugar el año pasado en un hotel de Alcira (Valencia), y de nuevo surgieron las pasiones, emociones y deseos de vencer a la pareja contraria.
Buen relato hoy, Terán, que me ha traído tantos y buenos recuerdos.
Muchas gracias, Alfonso, por tus palabras para mi relato. Y por completar de esa manera el mismo, con recuerdos de aquellos años aquí en Palencia. Yo también frecuentaba esa Sala de Juegos que dices, así como otras que había en Palencia en aquellos años, entre ellas la que había en la Calle Panaderas, que llamábamos la del "cojo". Y también otra que estaba en la calle Gral. Amor, al lado de la iglesia de la Compañía. Donde el futbolín era auténtica pasión en todas ellas, y que nos divertía de lo lindo en aquellas tardes de domingo inigualables. Saludos.
ResponderEliminarSoy un pésimo jugador de futbolín porque nunca giraba la mano a tiempo y mientras buscaba la mejor forma de disparar ya me habían metido algún gol.
ResponderEliminarEs lamentable que nunca haya existido o que al menos yo conozca una competición importante de futbolín.
¡Qué gran relato, José Javier! Al leerte me has hecho viajar directamente a mi infancia.
ResponderEliminarMe recordó cuando apenas tenía 11 años y quedé campeón de futbolín. En aquella época, los adultos apostaban a mi favor nada más y nada menos que la merienda... ¡y perder la merienda en tiempos de hambre no era poca cosa!
Como muy bien dices, no se trataba únicamente de tener habilidades físicas o rapidez en las manos, sino de saber usar la inteligencia y la estrategia para leer cada jugada. ¡Un abrazo y gracias por revivir esos recuerdos!
Muchas gracias, Estalayo, por tan bonitas palabras para mi relato sobre el juego del futbolín, tan ligado a nuestro tiempo de chavales y jóvenes en aquel entonces. Que fue, en efecto, una auténtica pasión desde el mismo momento en el que tomamos contacto con él. Me alegro que mi relato te haya traído esos grandes recuerdos que nos narras. Saludos.
EliminarYo también recuerdo los momentos, en la infancia, que dedicábamos al este divertido juego que, por cierto, es invento español, algo muy nuestro. Relatas tan bien y con tanto detalle lo que sentíamos mientras aprendíamos a jugar y nos esforzábamos por meter las bolas, que no hace falta que me aventuraré a explicar mis sensaciones.
ResponderEliminarGracias por recordar un juego tan ligado a la infancia y a la adolescencia, José Javier. Leerte ha sido todo un revoltijo de emociones que parecían idas...
Un gran abrazo.
Muchas gracias, Teo, por tu comentario a mi relato sobre el juego del futbolín en aquellos años cuando chavales. Que, en efecto, fue una auténtica pasión al descubrirlo en nuestro mundo de juegos de aquel entonces. Que tantos sentimientos nos trae al presente cuando lo recordamos. Un abrazo.
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