Cuando la radio llegó a Velillas del Duque
Sería a principios de los años 60, año arriba año abajo, cuando, sin ninguna campaña de márquetin al uso, fueron llegando, con cuentagotas eso sí, los primeros aparatos de radio particulares a las casas de Velillas del Duque.
Y la verdad que, una vez instalado en la vivienda el susodicho, donde se le entronizaba con todos los honores, de entrada aquello parecía todo un misterio. Porque no podía ser de otra forma, que a través de aquella especie de pequeña caja de madera parlante, nada más conectarla a la corriente eléctrica de su interior saliesen voces de personas, músicas varias y canciones de diferentes estilos. Así que en un primer momento, desconociendo por supuesto la mecánica de la transmisión de las ondas de radio por el espacio, hasta en alguna ocasión, con nuestro corto conocimiento pero mucha imaginación como chavales, llegábamos a sospechar que aquello era pura magia que se obraba dentro del aparato de radio. Por lo que pasábamos algún tiempo del día mirando ensimismados al receptor, por si pudiésemos encontrar alguna justificación al fenómeno. Porque, cómo si no, podía explicarse aquel misterio de la radio, que a todos nosotros nos traía locos.
En el acontecer diario, y una vez pasadas todas estas incertidumbres, las primeras emisoras que desde el pueblo podíamos sintonizar a golpe pronto y con relativa facilidad, eran Radio Nacional de España, Radio Madrid, Radio Intercontinental de Madrid, Radio Valladolid, Radio Burgos, Radio Palencia y hasta incluso Radio Andorra, entre otras muchas más. Y algunas noches, hasta se podía sintonizar con bastante claridad aquella emisora clandestina llamada “Radio Pirenaica” que emitía desde fuera de nuestro país. Mucho éxito tuvieron en aquel entonces algunos programas de radio en concreto, de los que todo el mundo hablaba en las tertulias de la calle. Así ocurriría con programas como “Estafeta del Disco”, donde se podían dedicar discos a alguna persona concreta con motivo de cumpleaños, onomásticas, aniversarios…
Y en Palencia en concreto, hubo un programa informativo local y provincial que trascendería al paso de los años: “El Cimbalillo”, con una sintonía muy familiar que reproducía el sonido de una pequeña campana de la catedral conocida con el mismo nombre. Una nota curiosa de las emisiones de radio de aquella época era que, llegadas las horas a tal fin estipuladas para los grandes informativos nacionales de Radio Nacional, todas las demás emisoras, llegadas esas horas cesaban por momentos sus emisiones locales y conectaban de manera obligatoria con aquélla anterior para escuchar aquello que todos conocíamos como “el parte”. Algún signo de modernidad sí proporcionaría a aquellas zonas rurales de aquellos años la llegada de la radio a las casas de los vecinos del lugar. Porque, de entrada, ya no se encontraban tan aislados. Al menos tenían la compañía de la radio.
En el acontecer diario, y una vez pasadas todas estas incertidumbres, las primeras emisoras que desde el pueblo podíamos sintonizar a golpe pronto y con relativa facilidad, eran Radio Nacional de España, Radio Madrid, Radio Intercontinental de Madrid, Radio Valladolid, Radio Burgos, Radio Palencia y hasta incluso Radio Andorra, entre otras muchas más. Y algunas noches, hasta se podía sintonizar con bastante claridad aquella emisora clandestina llamada “Radio Pirenaica” que emitía desde fuera de nuestro país. Mucho éxito tuvieron en aquel entonces algunos programas de radio en concreto, de los que todo el mundo hablaba en las tertulias de la calle. Así ocurriría con programas como “Estafeta del Disco”, donde se podían dedicar discos a alguna persona concreta con motivo de cumpleaños, onomásticas, aniversarios…
Y en Palencia en concreto, hubo un programa informativo local y provincial que trascendería al paso de los años: “El Cimbalillo”, con una sintonía muy familiar que reproducía el sonido de una pequeña campana de la catedral conocida con el mismo nombre. Una nota curiosa de las emisiones de radio de aquella época era que, llegadas las horas a tal fin estipuladas para los grandes informativos nacionales de Radio Nacional, todas las demás emisoras, llegadas esas horas cesaban por momentos sus emisiones locales y conectaban de manera obligatoria con aquélla anterior para escuchar aquello que todos conocíamos como “el parte”. Algún signo de modernidad sí proporcionaría a aquellas zonas rurales de aquellos años la llegada de la radio a las casas de los vecinos del lugar. Porque, de entrada, ya no se encontraban tan aislados. Al menos tenían la compañía de la radio.
















































