100 DOSIS DE AMOR [18] [Sawabona]Incluso, muchos de sus protagonistas se miran incrédulos porque les revolotean mariposas en el estómago. ¡Esto no puede ser verdad! - ¡Esto no me puede estar pasando a mí! -se sacuden insistentemente, procurando alejar una belleza que consideran exclusiva de los veintidós años. Leo a este respecto en una web: "El amor no tiene edad. Me costaba creerlo cuando apenas tenía 20 años. Ahora que tengo más de cincuenta de lo que me doy cuenta es que a los 20 años no sabía qué es el amor.
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Memoria del profesor Millán Bravo
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| Millan Bravo Lozano, El Camino de Santiago Una guía para peregrinos, León España 1999 |
En una mañana lluviosa y triste de noviembre, murió en Valladolid Millán Bravo Lozano. Después de una prolongada y titánica lucha, al fin fue vencido este hombre al que yo, como muchos otros, admiraba y quería profundamente.
💭
Con él transcurrieron muchos y muy importantes trechos en el camino de mi vida, y ahora, al hacer un recuento, a duras penas puedo asimilar el enorme vacío que deja su ausencia.
Beatriz Quintana Jato
Catedrática de Literatura, Miembro de la Institución Tello Téllez de Meneses.
Al morir, todas las personas dejan una gran soledad alrededor, que se concentra en ese sentimiento de impotencia que nos invade al ver cómo su cuerpo queda bajo tierra ya, definitivamente, y evocamos con desesperación todo lo que todavía teníamos proyectado vivir junto a ellos. Pero algunas personas, a mi modo de ver, dejan un vacío mayor que otras, y Millán fue de estos últimos porque rebosaba vitalidad, porque ponía entusiasmo en todo lo que hacía, y porque poseía un dinamismo especial que le hacía estar siempre a la hora y en el lugar en que sus amigos necesitaban que estuviese; él era el que siempre se acordaba de llamar, de arreglar las cosas o de dar la palmadita cariñosa en el hombro, cuando veía que decaían los que le rodeaban ( y esto lo demostró prácticamente hasta los últimos días de su vida, como si quisiese dejar “las tareas” bien rematadas).
Millán Bravo fue un hombre importante en el mejor de los sentidos, singular e irrepetible. Fue también un verdadero luchador que me recordaba a los caballeros medievales “esforzados e valientes” luchando siempre por ideales imposibles. Millán luchó contra la incultura y contra la ramplonería primero, y contra la muerte desesperadamente, después.
Por eso, y aunque yo sabía la gravedad de su enfermedad, me agarraba a la esperanza última de que él, a pesar de todo, conseguiría salvarse; y por eso también, los momentos en que asistí a su funeral fueron de los más tristes y sombríos de mi vida, porque pensaba que se habían acabado para siempre aquellas charlas geniales y cálidas con el maestro (que eso es lo que fue Millán Bravo, un admirable “magister” al que le gustaba siempre extraer la moraleja de las cosas, la enseñanza o aplicación de cada idea, y que intentaba asimismo, inculcar en cuantos le escuchaban el valor exacto de las palabras y la inevitable fuente latina de muchas de ellas).
Millán había nacido en 1932 en Las Grañeras, un pueblecito leonés cercano a Sahagún y situado en el Camino de Santiago, ese camino centenario que acapararía gran parte de sus investigaciones y de su vida, y con el que siempre se sintió profundamente unido.
Defendió siempre la importancia de Sahagún en el Camino de Santiago, dirigiendo en 1993 un Congreso Internacional, precisamente allí, sobre Cluny y el Camino de Santiago en España en los siglos XI-XII, y manifestando la necesidad de excavar las ruinas de la abadía de San Benito, “cuna del cluniacense español” en su opinión.
Se licenció en Filosofía en la Universidad de Madrid, y en Filología Clásica en la Universidad de Salamanca. Completó su formación en las Universidades de Roma y Friburgo, especializándose en Filología Latina medieval. Fue profesor de la Universidad de Salamanca y en la Universidad Complutense de Madrid hasta que en 1970 obtuvo la cátedra de Filología Latina en la Universidad de Valladolid.
Perteneció a la Comisión Nacional de Liturgia de España de 1968 a 1973, siendo el responsable de la traducción de la Liturgia latina al castellano.
Fue Presidente de la Asociación “Amigos del Camino de Santiago en Sahagún”, y en 1989 fundó el “Centro de Estudios del Camino de Santiago”, dedicado a la investigación científica de lo jacobeo y con una de las bibliotecas más importantes sobre el tema.
Entre sus últimas iniciativas figura la fundación del patronato “Sahagún, villa arqueológica”, que pretende rescatar las ruinas del convento benedictino.
Formó parte del grupo de intelectuales que dieron forma ideológica a uno de los movimientos de la Transición española con el pseudónimo de “Tácito” , y fruto de sus profundas convicciones demócratas y del amor a su tierra fue la fundación del PANCAL (Partido Nacionalista de Castilla y León), dejándose llevar durante un breve tiempo por la tentación de la política, aunque la abandonó pronto para seguir dedicándose a la investigación y a la docencia (en este aspecto, manifestó siempre la necesidad de desterrar de la universidad toda politiquería).
Por otro lado, y aunque era un castellano convencido y leonés a ultranza, soñaba con un regionalismo más amplio y sensato, como el que está implantado en otros países de Europa.
Su biografía tiene un vínculo importante con Galicia, concretamente con la ciudad de Lugo, en la que vivió sus años de infancia y mocedad, y fruto de lo cual le quedó para siempre esa fina ironía tan típicamente galaica que lo caracterizaba.
Con Palencia le unieron también estrechos lazos de amistad y de trabajo, habiendo realizado una catalogación impecable de la “Biblioteca del Canónigo” (como él la denominó) de la catedral palentina, y mostrando tanto entusiasmo en los riquísimos fondos que contiene, así como en la grandeza de su artífice Don Pedro Fernández de Pulgar, que yo realicé mi tesis doctoral sobre esa figura precisamente siguiendo su consejo.
Entre sus obras destaca la traducción que realizó del Codex Calixtinus, atribuido a un clérigo francés del siglo XII y también al Papa Calixto II, y que se considera la guía medieval más importante para los peregrinos. Escribió también Guía del peregrino medieval, Guía práctica del peregrino (traducida a varias lenguas), así como también dirigió la edición del facsímil del Codex Calixtinus y fundó la revista de estudios medievales “Jacobvs” en 1996.
Sus trabajos se centraron principalmente en temas medievales y renacentistas, siendo uno de los más importantes investigadores del mundo jacobeo en España.
De él se ha dicho que era una gran persona, un caballero en todos los sentidos, amigo de sus amigos, hombre de convicciones humanísticas y religiosas, demócrata visceral, amante de la sabiduría antigua y de la modernidad bien entendida, poseedor de una cultura exquisita y una inteligencia cargada de ironía. De todas ellas, yo resaltaría su faceta de humanista, cuya talla era excesiva para estos tiempos tan pobres y estrechos culturalmente.
Millán Bravo era profesor de latín, y como tal, afirmaba que las lenguas clásicas y las Humanidades en general son la horma cultural de Occidente, por lo que su conocimiento será inevitable para valorar el desarrollo de la cultura occidental.
También estaba convencido de que la sociedad moderna debe alcanzar el progreso sin abandonar el cultivo de los valores que siempre fueron esenciales a la condición humana:
Millán Bravo fue un hombre importante en el mejor de los sentidos, singular e irrepetible. Fue también un verdadero luchador que me recordaba a los caballeros medievales “esforzados e valientes” luchando siempre por ideales imposibles. Millán luchó contra la incultura y contra la ramplonería primero, y contra la muerte desesperadamente, después.
Por eso, y aunque yo sabía la gravedad de su enfermedad, me agarraba a la esperanza última de que él, a pesar de todo, conseguiría salvarse; y por eso también, los momentos en que asistí a su funeral fueron de los más tristes y sombríos de mi vida, porque pensaba que se habían acabado para siempre aquellas charlas geniales y cálidas con el maestro (que eso es lo que fue Millán Bravo, un admirable “magister” al que le gustaba siempre extraer la moraleja de las cosas, la enseñanza o aplicación de cada idea, y que intentaba asimismo, inculcar en cuantos le escuchaban el valor exacto de las palabras y la inevitable fuente latina de muchas de ellas).
Millán había nacido en 1932 en Las Grañeras, un pueblecito leonés cercano a Sahagún y situado en el Camino de Santiago, ese camino centenario que acapararía gran parte de sus investigaciones y de su vida, y con el que siempre se sintió profundamente unido.
Defendió siempre la importancia de Sahagún en el Camino de Santiago, dirigiendo en 1993 un Congreso Internacional, precisamente allí, sobre Cluny y el Camino de Santiago en España en los siglos XI-XII, y manifestando la necesidad de excavar las ruinas de la abadía de San Benito, “cuna del cluniacense español” en su opinión.
Se licenció en Filosofía en la Universidad de Madrid, y en Filología Clásica en la Universidad de Salamanca. Completó su formación en las Universidades de Roma y Friburgo, especializándose en Filología Latina medieval. Fue profesor de la Universidad de Salamanca y en la Universidad Complutense de Madrid hasta que en 1970 obtuvo la cátedra de Filología Latina en la Universidad de Valladolid.
Perteneció a la Comisión Nacional de Liturgia de España de 1968 a 1973, siendo el responsable de la traducción de la Liturgia latina al castellano.
Fue Presidente de la Asociación “Amigos del Camino de Santiago en Sahagún”, y en 1989 fundó el “Centro de Estudios del Camino de Santiago”, dedicado a la investigación científica de lo jacobeo y con una de las bibliotecas más importantes sobre el tema.
Entre sus últimas iniciativas figura la fundación del patronato “Sahagún, villa arqueológica”, que pretende rescatar las ruinas del convento benedictino.
Formó parte del grupo de intelectuales que dieron forma ideológica a uno de los movimientos de la Transición española con el pseudónimo de “Tácito” , y fruto de sus profundas convicciones demócratas y del amor a su tierra fue la fundación del PANCAL (Partido Nacionalista de Castilla y León), dejándose llevar durante un breve tiempo por la tentación de la política, aunque la abandonó pronto para seguir dedicándose a la investigación y a la docencia (en este aspecto, manifestó siempre la necesidad de desterrar de la universidad toda politiquería).
Por otro lado, y aunque era un castellano convencido y leonés a ultranza, soñaba con un regionalismo más amplio y sensato, como el que está implantado en otros países de Europa.
Su biografía tiene un vínculo importante con Galicia, concretamente con la ciudad de Lugo, en la que vivió sus años de infancia y mocedad, y fruto de lo cual le quedó para siempre esa fina ironía tan típicamente galaica que lo caracterizaba.
Con Palencia le unieron también estrechos lazos de amistad y de trabajo, habiendo realizado una catalogación impecable de la “Biblioteca del Canónigo” (como él la denominó) de la catedral palentina, y mostrando tanto entusiasmo en los riquísimos fondos que contiene, así como en la grandeza de su artífice Don Pedro Fernández de Pulgar, que yo realicé mi tesis doctoral sobre esa figura precisamente siguiendo su consejo.
Entre sus obras destaca la traducción que realizó del Codex Calixtinus, atribuido a un clérigo francés del siglo XII y también al Papa Calixto II, y que se considera la guía medieval más importante para los peregrinos. Escribió también Guía del peregrino medieval, Guía práctica del peregrino (traducida a varias lenguas), así como también dirigió la edición del facsímil del Codex Calixtinus y fundó la revista de estudios medievales “Jacobvs” en 1996.
Sus trabajos se centraron principalmente en temas medievales y renacentistas, siendo uno de los más importantes investigadores del mundo jacobeo en España.
De él se ha dicho que era una gran persona, un caballero en todos los sentidos, amigo de sus amigos, hombre de convicciones humanísticas y religiosas, demócrata visceral, amante de la sabiduría antigua y de la modernidad bien entendida, poseedor de una cultura exquisita y una inteligencia cargada de ironía. De todas ellas, yo resaltaría su faceta de humanista, cuya talla era excesiva para estos tiempos tan pobres y estrechos culturalmente.
Millán Bravo era profesor de latín, y como tal, afirmaba que las lenguas clásicas y las Humanidades en general son la horma cultural de Occidente, por lo que su conocimiento será inevitable para valorar el desarrollo de la cultura occidental.
También estaba convencido de que la sociedad moderna debe alcanzar el progreso sin abandonar el cultivo de los valores que siempre fueron esenciales a la condición humana:
“El peso de la historia es el lastre que hace que el ser humano se tenga de pie y no vuele como una pluma; sin conocer el pasado, no es posible proyectar algo bueno para el futuro”.
Esta frase suya todavía me impresiona.
La esquela que le dedicaron los Amigos del Camino de Santiago de Sahagún rezaba así:
“Tus pasos firmes / te han llevado / a la gloria”.
Y es verdad, esa gloria es la que ha ido consiguiendo paso a paso con su vida; en estos momentos comprendo mejor el mensaje de Jorge Manrique, cuando deseaba que la muerte de su padre no implicase el fin absoluto, el olvido de todo lo grande que se ha hecho en vida: que aquella otra vida “más larga, de la fama, que aquí se deja”, sea la que nos consuele de su muerte, pues “aunque la vida perdió / dexónos harto consuelo su memoria”.
No puedo evitar, para finalizar, repetir las palabras con que Lorca concluye su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, su amigo, y hacerlas mías:
“…Yo canto su elegancia con palabras que gimen
Y recuerdo una brisa triste entre los olivos”.
La esquela que le dedicaron los Amigos del Camino de Santiago de Sahagún rezaba así:
“Tus pasos firmes / te han llevado / a la gloria”.
Y es verdad, esa gloria es la que ha ido consiguiendo paso a paso con su vida; en estos momentos comprendo mejor el mensaje de Jorge Manrique, cuando deseaba que la muerte de su padre no implicase el fin absoluto, el olvido de todo lo grande que se ha hecho en vida: que aquella otra vida “más larga, de la fama, que aquí se deja”, sea la que nos consuele de su muerte, pues “aunque la vida perdió / dexónos harto consuelo su memoria”.
No puedo evitar, para finalizar, repetir las palabras con que Lorca concluye su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, su amigo, y hacerlas mías:
“…Yo canto su elegancia con palabras que gimen
Y recuerdo una brisa triste entre los olivos”.
El exilio imposible de Stefan Zweig
Fue poeta, traductor, novelista, biógrafo, ensayista, periodista, autor dramático, humanista y profundamente europeo
Homenaje a Marcelino García Velasco
El pasado jueves falleció en Palencia, nuestro colaborador y amigo Marcelino García Velasco. Es verdad que perdemos su presencia pero su trabajo es un patrimonio que nos acompañará siempre. DEP
Sobre la muerte de Unamuno
💭 La versión que conocemos de la muerte de Unamuno es a través de Bartolomé Aragón, la persona que estaba con él y que salió gritando.
Francisco de Quevedo
Actualidad de un hombre del Barroco
Escritoras en la historia
A lo largo del tiempo nos encontramos con un hecho evidente: los hombres mantuvieron durante siglos sometidas, encerradas, calladas y privadas de libertad a las mujeres.
La invisibilidad ha sido la condición obligada de la mujer a lo largo de la historia. Sin embargo, hoy se sabe que hubo muchas mujeres trabajando en los “Scriptoria” de los monasterios medievales, en los talleres de pintura del Renacimiento, en las cortes de los príncipes del Barroco, en las calles y barrios de los artistas bohemios del siglo XIX... Hubo muchas mujeres escribiendo en los conventos y fuera de ellos, componiendo piezas musicales, pintando..., pero la mayoría de ellas se vieron obligadas a permanecer ocultas tras el nombre de sus padres, maridos o hermanos, que eran los que cobraban el dinero y los que recibían la gloria. También hubo algunas mujeres que lograron el reconocimiento y la fama, pero fueron olvidadas. Ellas tuvieron que librar una fuerte lucha contra los prejuicios y las presiones en su contra, los desprecios, insultos, calumnias, etc. Sus vidas personales se vieron afectadas por su vocación artística (muchas de ellas, por ejemplo, renunciaron a tener familia). La inferioridad de la mujer se basaba en teorías teológicas, filosóficas y científicas. Desde el punto de vista religioso, la forma en que fue creada indica su inferioridad ontológica, pues la mujer fue creada para que el hombre no estuviese solo y para ayudarlo. Santo Tomás afirmaba que “la mujer es compañera del hombre, pero sólo en la tarea de procrear, pues para el resto, el hombre encontrará ayudantes más válidos en otros hombres.”
Beatriz Quintana Jato
Catedrática de Literatura, Miembro de la Institución Tello Téllez de Meneses.
Este gran “feminista” afirmaba también que “la mujer está menos dotada que el hombre, también en lo que respecta al alma”, frase que nunca he comprendido muy bien, pero que parece atribuirnos un alma “menor”... La actitud misógina de la Iglesia influyó innegablemente en la valoración de la mujer, aunque también es necesario recordar que en los siglos medievales la mujer sólo tenía dos opciones: casarse o meterse monja, y paradójicamente disfrutaba de mayor libertad en el convento, donde podía estudiar y escribir, librándose de matrimonios impuestos.
Salvo raras excepciones, las mujeres que ocuparon un lugar de relieve en la literatura medieval, lo hicieron entre los muros de un convento.
Hildegarda de Bigen
Hildegarda de Bigen (siglo XII), por ejemplo, fue consejera de algunos reyes con sus cartas llenas de sabiduría, y dejó escritos varios tratados de medicina.
Algunos siglos antes, en Al-Ándalus, las únicas que tenían libertad de movimiento eran las bailarinas y las esclavas, que podían asistir a las tertulias donde se recitaba poesía y se escuchaba música. Muchas de ellas también componían canciones y poemas, transmitiendo la lírica más antigua producida en suelo hispano. La voz de las mujeres de Al-Ándalus es la primera que nos ha llegado, de las muchas que resonaron sin duda en la Península Ibérica.
Cristine de Pizan
Cristine de Pizan (siglos XIV-XV), fue la primera escritora que se ganó la vida con sus libros al enviudar y tener que cuidar de su familia, y también fue una de las primeras que alzó su voz a favor de las mujeres. Su obra principal, La ciudad de las damas es un libro escrito en defensa de la capacidad intelectual y la dignidad de las mujeres (“la excelencia o la inferioridad de los seres no reside en sus cuerpos según el sexo, sino en la perfección de sus conductas y virtudes”).
El Renacimiento traerá nuevas ideas de modernidad: se instaura el valor de la inteligencia y el pensamiento científico, se valora la belleza por sí misma, y aunque la mujer empieza a despegar del oscurantismo de tantos siglos, su situación no cambia sustancialmente. Es como si no hubieran existido. No figuran en los libros de texto, ni en los catálogos de las editoriales. Y sin embargo existieron y escribieron...
En los países protestantes la situación cultural de la mujer fue mejor. La educación era obligatoria, y la soltería voluntaria de muchas de ellas hizo surgir verdaderas sagas de mujeres intelectuales, que por necesidades económicas se integraron en la vida activa y profesional, y acabaron propiciando los primeros movimientos sufragistas y feministas.
Teresa de Jesús
En el siglo XVI es necesario recordar a Teresa de Jesús, la primera mujer que vio publicada su obra, a pesar de los problemas que tuvo con la Inquisición y con la envidia y la incomprensión de muchos. Fue una mujer fuerte que se rebeló contra lo establecido, en busca de un ideal de pobreza y de paz interior, y aunque nunca se mostró feminista en el sentido actual, vivió como si lo fuera y nadie logró detenerla nunca.
No fue mejor la situación de las mujeres a lo largo del siglo XVII, en que uno de sus más geniales escritores, Francisco de Quevedo, mostraba así su “aprecio” por ellas: “Las mujeres son hechas para estar en casa, no para estar vagando. Sus gustos han de ser los de sus maridos, participados, no propios... El llevarlas a las fiestas mueve tal vez al que las ve, si son feas, a desprecios, y si hermosas, a concupiscencia...”
En este siglo se produce un gran incremento de la prostitución en España, y de los maridos consentidores “cuyas mujeres eran las fincas más rentables”, llegando a comerciar sexualmente con ellas si les era ventajoso para sus negocios. También en este siglo terrible hubo varias epidemias de peste, atroces sequías, y una serie de gobiernos despóticos y corruptos que dejaron destrozado el país. Aumentaron considerablemente las diferencias entre las clases sociales, y la mujer seguía sin poder acceder a la cultura, las del pueblo porque el trabajo se lo impedía, y las damas de alta cuna porque dilapidaban los días entre las fiestas y sus arreglos personales.
Juana Inés de la Cruz
En el siglo XVIII, siglo del Racionalismo y la Revolución Francesa, tampoco la mujer adquiere aún una importancia social relevante, a no ser como objeto de admiración por su belleza en los salones literarios y en la Corte.
Será, por fin, en el siglo XIX, cuando algunas escritoras liberales y progresistas desarrollarán, además de su obra literaria, una gran actividad política, manifestando sus opiniones en Asociaciones y periódicos.
Carmen de Burgos
Concepción Arenal
Creo justo recordar también a otra gran mujer que vivió en este siglo, y que estudió la carrera de Derecho pero tuvo que asistir a clase vestida de hombre, publicando sus artículos con el nombre de su marido hasta que éste falleció (tal era la situación de la mujer todavía en España). Hablo de Concepción Arenal, que ocupó el cargo de Visitadora de Prisiones de Mujeres de forma ejemplar, aunque precisamente por eso y porque siempre decía la verdad, su presencia resultaba molesta y fue cesada.
Escribió varios libros en los que demostraba la no inferioridad del sexo femenino, y criticaba las leyes españolas por ser discriminatorias con la mujer.
Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán fue otra mujer admirable que consiguió tener una increíble cultura de forma autodidacta, y que luchó siempre por los derechos de la mujer e insistió en que “educarla” no debe consistir en “domarla”, como se hacía entonces, pretendiendo de ella sólo la obediencia y la sumisión. Fue la primera mujer que ocupó una Cátedra en la Universidad de Madrid, y fue la autora de la primera novela naturalista en España. Tuvo que enfrentarse a numerosas dificultades a lo largo de su vida por el hecho de ser mujer, pero nunca se acobardó. Lo más importante de esta autora, es que sus logros y triunfos ella los disfrutaba como logros de todas las mujeres, abriendo el camino para que nos resulten normales muchos de los derechos que hoy podemos disfrutar.
Clara Campoamor
Y llegamos al siglo XX...
Muchas de ellas reflejan la problemática de la Guerra Civil y sus consecuencias.
Carmen Laforet
Carmen Laforet fue la primera mujer en ganar el Premio Nadal en 1944, pero a pesar de los innegables avances, muchas escritoras de medio siglo fueron silenciadas aunque algunas de ellas habían visto publicadas sus obras e incluso habían recibido premios.
Isabel Allende
“Los hombres pasan y se van, pero las mujeres no se mueven, son como árboles anclados en el suelo firme. En torno a ellas giran los hijos propios y otros allegados, se hacen cargo de los viejos, los enfermos, los desamparados, son el eje de la comunidad”.
Fanny Rubio señala como síntoma de la marginalidad literaria de la mujer, la nula presencia femenina en las fotos generacionales del 98, del 27, e incluso del 50.
Queda todavía mucho camino por recorrer, aunque algunos espejismos nos hagan creer que ya se ha llegado a la meta. Y en mi opinión, la actuación de algunos grupos feministas radicales y violentos no hacen ningún favor a la mujer en su camino hacia el respeto y la libertad.
Ilustraciones:
Carmen Pérez Robles, Isidro Fernández, Oriel Manet
Conferencia en Cevico de la Torre, el 4 de agosto de 2019Sinesio Delgado
🎭 Vida y obra del ilustre palentino que fundó la S.G.A.E.
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